La construcción del aeropuerto de Santa Lucía que hoy inició el presidente Andrés Manuel López Obrador, no será nada fácil y se puede convertir en un problema político de proporciones mayores para su administración por la gran oposición que existe para que se construya la obra.

El aeropuerto enfrenta la crítica de pobladores de aproximadamente 30 comunidades aledañas del estado de México, las cuales señalan que la obra arrasará con la ecología de una vasta extensión de donde operará.

Desde julio de este año, la obra ya cuenta con la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA), pero representantes de comunidades aledañas indican que ese proceso fue otorgado de manera amañada por el secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Víctor Toledo Manzur, para congraciarse con el primer mandatario.

Toledo inauguró esta mañana un vivero en Tlatelolco y, sin aceptar preguntas de la prensa, se tuvo que trasladar a Santa Lucía para estar presente en la ceremonia de inicio de la obra, en donde las comunidades aledañas lo esperaban para cuestionarlo acerca de la devastación que sufrirán cerros cercanos de donde se tomarán materiales pétreos para construir la terminal aérea.

De igual manera, a las comunidades les preocupa la sustracción de agua de la zona, pues de acuerdo a datos de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), en los acuíferos de la región son extraídos 750 mil litros del líquido al día para abastecer a los estados de México, Hidalgo y parte de la Ciudad de México. Esta cantidad representa una capacidad mucho menor frente a los 6 millones de litros de agua al día que requerirá la operación del aeropuerto, según un estudio.

Para las comunidades, construir el aeropuerto de Santa Lucía es sólo una copia de la terminal de Texcoco. Se trasladarán los mismos problemas, como la deforestación la muerte de fauna silvestre y el agotamiento de los mantos acuíferos de la zona, que los pobladores de la región no están dispuestos a aceptar.