Bernardo López 

Los smartphones se van a convertir en el mayor peligro para su seguridad e integridad, o la de sus familiares e hijos, porque todos estarán obligados a entregar información biométrica, como el iris, las huellas dactilares y una imagen del rostro a instituciones de gobierno, una especie de ficha signalética, que se utiliza para registrar a los delincuentes que pisan la cárcel.

Si usted no requiere de un celular o smartphone, lo mejor es que se lo evite, porque así no tendrá necesidad de que se apropien de sus datos biométricos, de su geolocalización, así como de toda la gama de actividades que realiza mediante estos aparatos.

Estos dispositivos gradualmente han transmutado hasta invadir la intimidad de las personas, reventando la privacidad; ¿obligarán a los jóvenes en un futuro a implantarse circuitos, con pretextos similares: seguridad o emergencias sanitarias?, que es el trasfondo de esta ley que se quiere imponer a los mexicanos (y no es broma o futurismo, pues hace poco una empresa mostró a un mono con un implante de chip, que le permitía jugar frente a una pantalla).

Varios expertos han argumentado que la creación de este padrón es inconstitucional y viola derechos humanos y la privacidad, además que son medidas que utilizan los regímenes autoritarios. También han recordado el fracaso por crear este tipo de padrones, como el Registro Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (Renaut), que se vendía en el mercado negro por 200 pesos, o el padrón del Instituto Federal Electoral, que apareció en una empresa de Estados Unidos.

Si quiere evitar que la información de sus hijos no circule por manos inapropiadas, lo mejor que puede hacer es no fomentarles el uso de celulares o smartphones o cualquier otro dispositivo que los obligue a entregar sus datos. Sería el mejor regalo que les podría hacer: un futuro libre del esclavismo digital.

Otro consejo que le doy, es que utilice las tecnologías analógicas, pues, aunque están fuera de moda, le permitirán ser una persona soberana e independiente, que tendrá capacidad de decisión, aunque lo cataloguen de anticuado. Trate de hacerlo en la mayor cantidad de actividades que pueda.

La trampa digital en la que nos quieren hacer caer provocaría el fin de la humanidad y de toda posibilidad de disentir o pensar diferente. Téngalo presente en el momento de regalar tecnología que no controla al cien por ciento, porque, en todo caso, esa tecnología lo controla a usted. Y me refiero a celulares, vacunas o cualquier dispositivo.