Sergio Iván

No había querido ver Acapulco Shore, pensaba que era un reality show del montón, basura televisiva, participantes sin gracia y demás prejuicios que tenía. Sin embargo, con todo mi pesar, después de ver un capítulo tengo que confesar que me gustó mucho pocas veces un programa televisivo había logrado sacar lo peor de mí en 56 minutos.

Luché por no ver todas las temporadas en un día, cuando pensé en la idea de ver un programa cuya base argumental sea la interacción y conflictos provocados por un grupo de jóvenes durante un mes de vacaciones. Descarté la idea de inmediato, pero siendo honesto pasar unas vacaciones con un grupo de jóvenes dispuestas a divertirse, en una casa de lujo con todo el alcohol necesario para estar ebrio todo el mes y con gastos pagados.

La producción de Acapulco Shore debe reconocer su primer gran logro; convertir a su programa en una aspiración, un estilo de vida, una marca única que destaca de todas las versiones en el mundo de la familia Shore.

Acapulco Shore saca lo peor de mí, ejemplifica y cumple con mis sueños e ideas más perversas que tengo, por muy basura que pueda ser el contenido, el programa tiene valor en la actualidad debido al contexto en el que vivimos los jóvenes de clase media en el mundo. En cierto sentido las nuevas generaciones al tener la incapacidad de realizarnos en la vida real buscan conceptos de entretenimiento cómo Acapulco Shore para conseguir la realización deseada.