Rafael Lulet / @rafael_lulet

Las luchas sociales por reivindicar los derechos humanos a lo largo de la historia ha sido y seguirá siendo una constante en la espiral de Hegel, los dueños de los medios de producción y aquellos que se apoderan del Estado, crean dichas controversias sobreponiendo sus intereses por encima de la gente sin importar las consecuencias que puedan ocasionar, el poder así como la plusvalía se vuelven el trofeo máximo a obtener siendo lo único a conservar, olvidando a un lado el beneficio colectivo, la depredación de unos cuantos sobre los demás.

¿El hombre es malo por naturaleza?, es difícil considerar ese “borderlight” o frontera entre el bien y el mal en la vida del hombre como especie, cuando se cruza de un lado y otro, sin embargo, autores como Frederic Nietzsche o Thomas Hobbes agregando a dicha lista al mismo Nicolas Maquiavelo con su obra famosa “el Príncipe”, destaca esa perversidad del ser humano por encima de su propio prójimo, dejado en claro ese canibalismo social al estilo darwinismo, y al compararlo con la historia mundial así con el contexto actual nos damos cuenta de que tan cierto puede parecer lo descrito por estos pensadores.

Dice el artículo 24 de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos, que todos somos iguales ante la Ley, y la obligación del Estado es hacer cumplir con dichas encomiendas, ya sea por documentos internacionales, constitucionales o por acuerdos mundiales firmados por los mismos jefes de Estados, sin embargo, encontramos países donde eso es letra muerta, dejando desprotegidos a ciertos grupos de la población quienes siguen siendo víctimas sin poder hacer nada al respecto, desgastando el trabajo de los organismos de orden mundial porque los gobiernos hacen caso omiso a los derechos de sus soberanos y deben recurrir a altas instancias fuera de sus mismo países para encontrar ese amparo.

La conmemoración del 8 de marzo, acentúa esa participación social desde décadas de las mujeres en todo el mundo, quienes por la opresión del hombre por siglos, han tenido que buscar esa igualdad ante la sociedad, pero pese a hallarse documentos internacionales recalcando esa paridad de género, sigue existiendo la discriminación tal como el feminicidio y otras agresiones contra ellas, en consecuencia, la integración de nuevos acuerdos a nivel mundial se debieron generar para ir presionando al cumplimiento de dicha encomienda a los gobernantes de los diferentes países, tal como lo describe la convención de Belem Do Pará, entre otros.

Si existiera el cumplimiento del Estado hacia sus soberanos del respeto de los derechos humanos, no habría el problema de estar luchando a cada momento por exigir con esas encomiendas, en el caso de las mujeres no solo son las víctimas de un gobierno omiso o tibio para protegerlas sino también hombres quienes no caen en ese esquema, porque al generar nuevos documentos y presiones internacionales para hacer cumplir con esas recomendaciones mundiales, generalizan, creando con ello la ampliación de esa brecha de género, cuando no debería de ser así.

Países pobres o en crecimiento es donde se enfatiza más esa violencia de género, pero no se encuentra excepciones en las naciones de primer mundo, las sociedades en cualquier parte del planeta son complicadas en sus estructuras, he de ahí la importancia de los investigadores sociólogos para entender el comportamiento humano en la colectividad así como de los psicólogos sociales, tal vez tengan razón los clásicos escritores sobre la maldad del hombre pero se debe buscar el equilibrio de esa maldad, rescatando tal vez otros pensadores quienes han descrito a la humanidad como buena pero con un largo camino de evolución para llegar a esa madurez, sin embargo, durante ese trayecto se irán dejando los daños colaterales que justificaría ese estado de nirvana.

Queda claro que hay mucho por luchar por la equidad de género, ante los abusos de aquellos quienes ostentan el poder, haciendo daño a los de su propia especie, pero esa contienda no solo es exclusivo de las mujeres sino también del hombre, porque no somos todos iguales en actuaciones para generalizar, el combate en sí, es en contra de gobiernos ineptos, corruptos, opresores y omisos ante las garantías de sus soberanos, dejando a un lado al compromiso adquirido en el momento de aceptar el mando de una nación, faltando inclusive a recomendaciones y legalidades internacionales, cuando un sector de la población reclama algo el cual le pertenece es porque el aparato estatal de su país ha roto con ese pacto social.