Enrique Escobedo

El lema del partido Morena “No mentir, no robar, no traicionar” es directo y por su sencillez es contundente. Convenció a millones de mexicanos de que ese sería el espíritu con el cual gobernaría el candidato López Obrador. También se nos dijo que el combate a la corrupción sería una acción prioritaria y que al amparo de esos tres principios viviremos en un nuevo régimen. Sin embargo, la terca realidad nos dice que la política es el arte del engaño y que el gobierno nos ha encubierto la verdad. Tal es el caso de las conversaciones entre los presidentes de México y los Estados Unidos.

Sinceramente entiendo que ambos personajes, por sus investiduras, hayan hablado de temas delicados y que, por prudencia, aun no deben salir a la luz pública; tal es el caso del tráfico de armas, el trasiego de drogas o la ruptura unilateral de la parte mexicana de las reglas de operación en materia energética. No obstante que los boletines de prensa dicen que esos temas no los trataron. Sucede que si no se habló de esos tópicos ¿de que hablaron? Porque el Tratado Comercial entre México, Canadá y Estado Unidos es claro, preciso y exigente en la responsabilidad e irrestricto cumplimiento de cada nación a lo pactado.

La historia, amante del tiempo sabio, nos dirá acerca de lo conversado. De ahí que me quedo con el amargo sabor de boca de que, en efecto, no nos mintieron porque en política y en el amor callar no es mentir. Pero, la omisión es un asunto delicado debido a que distorsiona intencionalmente los hechos y las consecuentes acciones que se tomen. Sin información, las decisiones pueden ser erróneas o sesgadas.

La entrevista estuvo magníficamente encubierta en betún dulce debido a que en ambas naciones tenemos la infraestructura histórica de cuerpos diplomáticos profesionales, capacitados y fraguados en contra de los oportunismos y pifias de los presidentes de ambas naciones. Así la ha demostrado la historia.

No saber acerca de lo conversado puede esperar. Ambas naciones deben capitalizar lo acordado y trabajar al respecto a fin de que el horizonte económico sea menos catastrófico de lo que ya se vislumbra. Me queda claro que, además, ambos personajes, independientemente de su responsabilidad como jefes de Estado, también tratarán de obtener ventajas personales debido a que son, como todo político, oportunistas.  Sobre todo, porque en los Estado Unidos se avecinan las elecciones y Donald Trump quiere reelegirse. Por su parte, nuestro primer mandatario también tiene interés en que su partido político gane las elecciones a diputados federales el próximo año y, a la vez, conquiste al menos diez de las quince gubernaturas que estarán en juego.

No condeno, ni me sorprende que así sea debido a que en la administración pública se yuxtaponen los intereses personales, con los grupales, con los partidistas, con los institucionales y con los objetivos nacionales. Entonces nos damos cuenta que el lema del partido Morena es un cliché magnifico, pero no más. Decir que no mienten se escucha dotado de benevolencia, mas son palabras huecas. Ahora nos dirán que callar no es mentir. El caso es que postergar la verdad como estrategia de desarrollo lo puedo entender, pero ocultarla porque se avecinan unas elecciones es dejar de tener visión de Estado y gobernar para una camarilla partidista. Por lo tanto, si nos mienten.