Bernardo López

Si observamos las gráficas sobre la evolución de contagios del SARS-CoV-2, podemos deducir que hubo menos propagación de la enfermedad en los meses del periodo mayo-septiembre de 2020, debido a una mayor exposición de luz solar, la cual contiene el espectro ultravioleta, que tiene la cualidad de aniquilar cualquier ser vivo si se aplica en intensidades y tiempos prolongados.

Las gráficas proyectan una parábola invertida, y aunque los datos no son suficientes, la tendencia a dos años podría dibujar una sinusoide, que sería la forma más correcta para identificar el proceso de contagios la enfermedad denominada Covid-19.

Si continúa la tendencia, el coronavirus se comportará de forma similar a las temporadas de influenza, que inician en la época de frío, a partir de noviembre y comienza su escalada hasta llegar a enero, mes donde se registran la mayor cantidad de casos, de acuerdo a las gráficas que proporciona la Secretaría de Salud, en su Informe Semanal de Vigilancia Epidemiológica.

La gráfica muestra que la temporada de influenza más severa se dio en la temporada 2015-2016, con casi mil 800 casos por semana, crisis que duró por al menos 8 semanas, en enero, febrero y marzo. El periodo 2013-2014 se comportó de manera similar. En los dos casos el virus que predominó fue el AH1N1.

Lo que nos dicen los datos es que no hay un patrón desordenado o caótico en el comportamiento del SARS-CoV-2, porque si fuera de esa manera pues no tendríamos la gráfica sinusoide, y se confirmaría una gráfica exponencial, la cual nos diría que la enfermedad se encuentra fuera de control y que es mortal para cualquier ser humano.

No intentamos ser un consuelo de aquellas desafortunadas pérdidas humanas, pues en mi caso, un familiar tuvo la desgracia de haber perdido la vida a causa del Covid-19, pero si debemos tener un mayor conocimiento de la enfermedad para no radicalizar las acciones o justificar el autoritarismo sanitario que se quiere imponer.

Ya también lo corroboró la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre los encierros. ‘‘Debemos asegurar la enseñanza para nuestros hijos’’, extenuó Hans Kluge, director para Europa de la OMS, el cual alude que los jóvenes no son un foco de infección y que el cierre de las escuelas no garantiza que no haya contagios.

Pensar que estar encerrados nos va a salvar de contagiarnos de coronavirus es una falacia, pues permanecer dentro de un lugar como una jaula puede derivar en enfermedades mentales como la depresión, que a su vez podría incrementar el número de suicidios, entonces el objetivo de permanecer vivos no se logra.

Sí debemos tener cuidado, sobre todo el constante lavado de manos, es la mejor estrategia pues ha mantenido la higiene de las personas durante cientos de años.