Enrique Escobedo

El verbo creer se utiliza cuando se da algo por cierto sin pruebas, sin hechos demostrativos y sin conocimiento verificable o comprobado. En otras palabras, es un acto ciego, en gran medida irreflexivo y lo aceptamos como un fenómeno de la intuición, una corazonada o un acto de fe. De ahí que es prácticamente imposible llegar a conclusiones cuando se debaten temas teológicos o políticos entre dos partes. En este caso, por un lado, están los discursos de presidente López Obrador y, por el otro, el periodista norteamericano Tim Golden quien señala vínculos del tabasqueño con el cartel de la droga sinaloense. Consecuentemente la gente le cree a quien quiera y lo interesante es que ninguna de las dos partes aporta pruebas. De entrada, quien acusa debe demostrar la culpabilidad y eso sería el mejor argumento del primer mandatario a fin de exonerarse. Pero hay muchas sospechas fundadas de que existe algún tipo de acuerdos entre el presidente y ese cartel, sobre todo por la confianza con la que el titular del poder ejecutivo mexicano saludó a la mamá del chapo Guzmán, pues eso significa que ya la conocía y que se llegaron a entrevistar. Ignoramos el número de veces y, en su caso, los temas que trataron.

Pero eso es solo especulación. Lo interesante a mi parecer fue el mensaje y el momento en que se publicó el artículo, ya que logró varios objetivos. El primero consistió en dividir a la opinión pública mexicana y envolverla en el tema de las drogas, los carteles del crimen organizado, la corrupción de la actual administración, el caso García Luna, los hijos del presidente y otras elucubraciones, el segundo objetivo también fue exitoso, pues logró a reacción casi virulenta del licenciado López Obrador, así como de sus estrepitosos desplantes, los cuales fueron difundidos por todos los medios disponibles del gobierno; eso impactó con interpretaciones de que el presidente está desesperado y urgido de que no se presenten las pruebas. El tercer objetivo igualmente dio en el blanco, pues se trató de un mensaje de la administración Biden a la parte mexicana haciéndole saber que no verán con agrado alguna intromisión gubernamental mexicana en el proceso electoral de esa nación a favor del Partido Republicano. De ahí que a nadie sorprende que apenas el pasado viernes 2 de febrero el presidente mexicano manifestó a la comunidad mexicana en esa nación: “no voten por políticos antinmigrantes”. Léase, en el Palacio Nacional y en la cancillería descifraron correcta y oportunamente el mensaje y rápidamente se atendió la petición.

A partir de ahora, la administración López Obrador tendrá que estar más atenta a los mensajes de la embajada del vecino país del norte. Lo cual significa que tal vez ya nos habían enviado el mensaje de alinearnos con los demócratas y la parte mexicana lo ignoró. También quedan sospechas de que la gestión Biden apenas mostró parte de su músculo y que están dispuestos a demostrarnos mayores capacidades de su fuerza. El caso es que el proceso electoral en la unión norteamericana está muy tenso y el habitante de la Casa Blanca está igual de sensible que su homologo mexicano. La diferencia es que ellos tienen el marro y están dispuestos a utilizarlo.

La relación asimétrica, difícil, tensa y de desconfianza entre México y Estado Unidos es una realidad. En otras palabras, no se trata de creer o no creer el artículo de Tim Golden. Se trata de entender que Joseph Biden ya nos mandó mensajes abiertos y que no vacilará en llegar, en su caso, más allá.