Enrique Escobedo

No me consta, ni creo que existan expedientes, ni pruebas. Es más, tampoco veo que los testigos de esa época vayan a hablar. Pero el caso es que aquella huelga en la UNAM de 1999 y 2000 estuvo, a decir de gente conocedora de las huelgas estudiantiles, financiado básicamente por grupos del PRD, algunos del PRI y la señora Rosario Robles. Pero a nadie le consta, ni lo puede demostrar o probar. El hecho es que la máxima casa de estudios estuvo paralizada 10 meses debido a que el grupo de los ultras o extremistas del Consejo General de Huelga (CGH) se negaban a cualquier dialogo y llegar a acuerdos con las autoridades universitarias. Yo no era estudiante de la UNAM y mis amigos de las facultades de Ciencias Políticas y de Economía me decían que sospechaban que una fuente importante de financiamiento de los activistas salía del gobierno capitalino. Específicamente, con la venia de Rosario Robles.

Que quede claro, no la estoy acusando, ni la señalo como fuente de financiamiento de grupos activistas del CGH. Simplemente estoy recordando conversaciones que a fines del siglo pasado sostenía con amigos universitarios preocupados por el destino de la UNAM. El caso es que en sus elucubraciones, mis amigos sostenían que algunos de los líderes de esa huelga cobraban en el gobierno capitalino. Pero nadie nunca aportó las pruebas y por lo mismo ahora recordamos esa huelga como algo políticamente incorrecto, llena de radicalismos y que acabó con el encarcelamiento por unos meses de algunos de sus líderes.

Siempre me quedé con la curiosidad acerca de esa mujer, cercana al ingeniero Cárdenas, quien lo sucedió en el gobierno capitalino y llegó a presidir el PRD. Hay indicios de que ella apoyó la campaña electoral del licenciado López Obrador a fin de que fuese su sucesor en el año 2000 y ahora son muchos los colegas que hablan de que el binomio López Obrador-Robles Berlanga acabó distanciado, tirante y que al romper lanzas ella firmó su sentencia de enemistad y que por eso ahora está presa.

Tampoco me consta que ese conflicto sea el motivo por el cual la señora Robles lleva un año en la cárcel. El caso es que ella vuelve a ser noticia porque ahora está dispuesta a declarar en contra de quien fuera secretario de Hacienda y canciller el sexenio pasado, Luis Videgaray. Ella me recuerda la figura de Joseph Fouché, aquel político de la revolución francesa cuya obsesión era el poder, ponerse del lado del triunfador del momento y el dinero, por lo que traicionó a todo y a todos. Lo cual es claro y demostrable, pues después de ser militante del Partido de la Revolución Democrática, no tuvo empacho en pasarse al PRI y ocupar dos carteras fundamentales el sexenio pasado, las secretarías de Desarrollo Social y la de Desarrollo Urbano y Territorial. Desde ahí, en supuesta complicidad con el señor Emilio Zebadúa orquestaron la llamada Estafa Maestra.

No me corresponde a mi juzgarla, para eso están las leyes y el Poder Judicial. Los jueces analizarán las pruebas que la fiscalía presente respecto a esa estafa. De ser cierto el timo y ella decide someterse al Programa de Testigo Colaborador y salir libre, quiere decir que, en efecto, ella es cómplice de esos actos de corrupción, pero por delatora, pareciera que quedará libre.

La señora Robles no será juzgada por financiar grupos de activistas en la UNAM porque de eso no se le acusa, ni hay pruebas o testigos que la señalen. Todo es especulación de algunos amigos míos que estudiaron en esos años en la Universidad Nacional.

Ahora ella vuelve a ser noticia y poca gente la vincula con aquella huelga. Tal vez no se le relaciona porque no estuvo involucrada. Difícilmente se sabrá. Pero escribo estas líneas, a fin de que ojalá alguien algún día estudie con nuevas perspectivas esa huelga universitaria y encuentre nuevas vetas de investigación acerca de los hilos, si acaso los hubo, de financiamiento a grupos de activistas.