Enrique Escobedo

La novela de Julio Verne, Dos años de vacaciones, trata sobre un grupo de escolares que naufragan en una isla del Océano Pacifico y aprenden a organizarse con la esperanza de ser rescatados algún día. Empero, llegan la isla un grupo de malhechores en un bote, con dos personas secuestradas, y ponen en peligro la vida de los jóvenes. El caso es que después de una serie de aventuras los muchachos con la ayuda de los secuestrados logran escapar en el bote y son avistados por un barco que los rescata.

Leí la obra cuando estaba en la secundaria y de verdad que desde el título de la novela tuve muchos deseos de tener dos años de vacaciones. Pero resulta que no entendí el sentido de la novela cuando la terminé de leer. Fue una semana después cuando la maestra de literatura nos explicó que no se trataba de unas vacaciones como se entiende hoy en día. Esos muchachos no acudieron sistemáticamente a una escuela, pero aprendieron acerca de la importancia de la disciplina, de colaborar, de asumir responsabilidades y de no permitir que el cerebro se atrofie por no hacer nada. En otras palabras, las vacaciones no son para quedarse en la cama, sino para cambiar de actividad.

En pleno siglo XXI hay mucho que hacer y que aprender. No se trata de estar encerrado o de pensar que los jóvenes tienen dos meses de vacaciones debido a  la crisis sanitaria-asistencial. Ahora más que nunca las actividades deben ser la lectura, la educación en línea, el debate en foros informáticos y, como en la novela de Julio Verne, a no perder la esperanza de salir de la isla. Aun más, yo agregaría, a no permitir que el cerebro se atrofie ante el televisor o ante los juegos computacionales.

El concepto de vacaciones es un triunfo de la lucha de la clase trabajadora y está relacionado con la importancia de hacer algo distinto y productivo, después de hacer algo monótono. Me dirán que salir al mar o a otro lugar no es productivo y yo les respondo que se equivocan, porque el cerebro humano registra los nuevos paisajes y, consecuentemente, nuevas vivencias que enriquecen el espíritu humano.

Por lo anterior, los niños y jóvenes que no acudirán tampoco en el mes de mayo a los planteles escolares deben realizar actividades académicas y los padres de familia debemos hacer fuerza con las autoridades educativas con el fin de apoyar a nuestros hijos en su formación permanente. Es más, leer la novela aquí sintetizada y posteriormente debatir acerca del concepto de vacaciones es enriquecedor.

Lo lúdico es creatividad y buen sentido del humor. Estar atrapado en una isla del pacifico o estar voluntariamente enclaustrado en la casa tienen más elementos en común de lo que, a primera vista, pareciera. En la isla imaginaria la lucha por la sobrevivencia es lo más importante, también estar en casa. Soportar los muros de agua, como diría José Revueltas, es perder algo de esas libertades que conocemos, lo mismo en esta crisis. Los jóvenes de la novela de Verne aprendieron nuevas formas de organización, lo mismo quienes estamos en casa. En resumen, dos años de vacaciones o dos meses de trabajo en casa son la oportunidad de aprender a ser mejores. Tal vez el yerno de Marx, Paul Lafargue, es quien mejor lo ha dicho: “Seamos perezosos, excepto en ser perezosos”.