Bernardo López 

A medida que avanza el proceso de contagio del SARS-CoV-2, de todas sus variantes, en el mundo, surgen muchas dudas de las medidas autoritarias que se han implementado y que violan los derechos de las personas: como encierros injustificados, portación forzada de cubrebocas (o bozales), limitación al derecho al tránsito, limitación a la libertad de reunión, hasta prohibición para hablar se han atrevido a mandatar.

Respecto al bozal, existen diversos estudios acerca de portarlo o no, sin embargo, muchas de las conclusiones es que no protegen al cien por ciento; los denominados N95 tienen una eficacia de 79 a 90 por ciento, de acuerdo a estudios del virólogo Kawaika Yoshihiro. Entonces si un cubrebocas de ese nivel de seguridad no te brinda un escudo total ¿Para qué imponerlo? Con mayor razón, da igual traerlo o no traerlo, si éste es de tela.

Otro fenómeno (ligado al anterior) que llama la atención es la presunta capacidad infecciosa del coronavirus. Y vamos a un caso específico: las aglomeraciones del Metro de la Ciudad de México. De acuerdo a los últimos datos, este medio de transporte traslada a más de 3 millones de personas diariamente. Los vagones de los trenes se saturan de personas, hasta el punto de permanecer a milímetros entre cada una. Se supone que debe haber una distancia de 1.5 metros para que no haya contagios de SARS-CoV-2, pero que creen, eso no se cumple en estas instalaciones. Lo raro es que no hay contagios de 50 mil, 100 mil o 200 mil personas diarias por aglomeraciones en este transporte, pues dicen que hasta los asintomáticos contagian.

Hemos hecho un seguimiento de las temperaturas medias del país y la evolución de los contagios del coronavirus, todo indica que este microorganismo también es vulnerable a los cambios estacionales. No es casualidad que cuando se acerca la primavera, hay más luz, exposición a la frecuencia ultravioleta y al calor, el Covid-19 es menos contagioso porque los espacios donde puede permanecer se reducen. Esta hipótesis tendrá una prueba de fuego durante las vacaciones de semana santa, donde podremos apreciar si es verdad que las reuniones, o en realidad el frío y menos luz, son los causantes de más contagios.

También queda en el aire el tema de las necropsias a los muertos que fueron certificados con el coronavirus como el factor principal de fallecimiento, pues hasta hoy, todos los decesos son de personas con comorbilidades, como diabetes, hipertensión, obesidad, asma, cáncer. ¿Los médicos que practican necropsias no tienen curiosidad de investigar si estas bajas fueron realmente por el coronavirus o fue por el padecimiento crónico que ya traía consigo el organismo?

Aún quedan muchas dudas. Ojalá a la comunidad científica se le despierte el interés por profundizar en el fenómeno del Covid-19 y realizar ciencia a partir de los fenómenos que saltan a la vista.