Bernardo López

Los distractores que puede encontrar un niño en una computadora pueden ser infinitos y las posibilidades de que estudie se reducen a cero si el equipo lo usa para entretenimiento; sucede lo mismo con un teléfono inteligente.

Esta forma de educar a los niños lo único que provocará es un gran ejército de analfabetas funcionales digitales, pues sabrán mucho sobre como utilizar cualquier dispositivo con procesador, ya sea computadora, tableta o teléfono inteligente, pero incapaces de hacer cálculos complejos u oraciones con el pensamiento y el razonamiento.

Esta hipótesis no aplica en personas mayores de 30 años, tal vez de 25, pues su instrucción fue mixta, con clases reales en el aula, con un maestro que dirige y aclara dudas sobre los temas abordados, que, al contrario, con los niños, se deben atener a una instrucción mediante una pantalla sin un guía que aporte luz.

En México únicamente el 17% de la población logra estudios universitarios, aproximadamente 2 de cada 10. El 1 por ciento cuenta con maestría y menos del uno por ciento con doctorado. En educación secundaria existe una tasa de deserción del 5.3 por ciento, y de 15.2 por ciento en educación media superior, de acuerdo a información del 2017 del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación en México.

Los datos mencionados son trágicos pues muestran la baja prioridad que tiene la educación para el desarrollo del país, sin embargo, el escenario empeora porque el sistema educativo de México y del mundo han entrado en un terreno desconocido, pero que podemos saber su desenlace gracias al comportamiento de las personas frente a una computadora o un celular.

En una clase a distancia, un niño cuánto tiempo va a poner atención a la maestra, que datos retendrá al atender una imagen en una pantalla o monitor. Si puede apagar su cámara, en realidad va a registrar toda la información que recibe o simplemente será una simulación.

Entonces, los alumnos que lograrán una educación de calidad únicamente serán aquellos que puedan reforzar sus clases a distancia con una orientación presencial, de otra forma el proceso para incrementar habilidades y conocimiento será inexistente.

Existen datos del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) que afirman una reducción en el analfabetismo en México, sin embargo, solamente dicen haber disminuido el rezago educativo, que en términos reales significa que una persona logró graduarse, pero no sabemos si obtuvo conocimiento, porque si sólo el objetivo es obtener un certificado, es como no haber estudiado.

Sucede lo mismo con la educación básica que se imparte a distancia, porque se puede decir que se concluyó con los seis grados de instrucción, pero cuánto conocimiento se adquirió, qué habilidades ganaron los alumnos con las clases.

Ni una clase a distancia va a poder reemplazar a la instrucción que se brinda desde un aula. Aquellos que realmente quieran instruirse deberán hacerlo de esta forma.