David Hidalgo Ramírez 

Al igual que en una entrega reciente revisamos la “reserva alimentaria en México”, hoy queremos revisar otro tema que parece no estar en las prioridades de la agenda nacional, y que se ha llegado a perder ante el ambiente de polarización política que vive nuestro país, pero el cual es prioritario atender, ya que de lo contrario la expectativa de vida de nuestra nación estaría corriendo peligro.

Hace algunos años (28 para ser precisos) Alvin y Heidi Toffler publicaron su libro “Las guerras del futuro”, en el cual señalaron que las guerras en este siglo serían por el agua y los alimentos. No se equivocaron, y es en el tema del agua, donde quiero centrar mi colaboración de esta semana, en especial la situación del agua en México.

A nadie escapa el hecho de que el agua es el recurso más importante con que contamos los seres humanos. Cuando una población no tiene acceso al agua potable, ve totalmente limitados muchos de sus otros derechos, entre estos: vivienda digna, salud o educación. Pero el no acceso a este también afecta cualquier actividad económica, ya que no permite el desarrollo de la industria y, por ende, acota la posibilidad de crear fuentes de empleo.

Comenzaré por señalar que nuestro país se encuentra en una situación poco alentadora en cuanto al uso de este recurso no renovable y al cual siempre en la retórica de los políticos es mencionado como el líquido vital, pero que en los hechos parece no serlo por la poca atención que les merece a los miembros de la clase política. Esta situación poco alentadora se manifiesta a causa no solo del cambio climático, la sobreexplotación, contaminación, mal uso de las fuentes del agua y la falta de infraestructura para utilizarla con eficiencia.

Son varios los organismos internacionales que ha señalado a nuestra nación como una de las que la crisis del agua en camino al Día Cero de la Escasez de Agua será más intensa.

En la encuesta Intercensal del Inegi 2015, se decía que se tenía una cobertura de más de 90% de cobertura de agua potable en el ámbito rural y urbano con 94.5% de disponibilidad en agua entubada en las viviendas particulares habitadas, mientras que la disponibilidad de drenaje es un poco menor, en la disponibilidad del servicio sanitario se tiene una cobertura de 97% en las viviendas habitadas del país.

En 2019 se calculaba que eran 2.5 millones de mexicanos los que sufrían de la escasez de agua, lo que genera enfermedades, deserción escolar, rezago y, por consiguiente, pobreza. Se necesita mantenimiento para evitar pérdidas significativas que pueden ser aprovechadas para consumo humano.

Si bien es cierto que las cifras oficiales dan una versión de los hechos, e indican que la mayoría de la población tiene acceso al agua potable, no reflejan la realidad que enfrentan muchas personas, pues no es lo mismo que el agua llegue a ellos por medio de pipas (que en muchos casos deben ser pagadas), a que el agua de calidad esté disponible las 24 horas en los hogares.

La Organización Mundial de la Salud estableció en 2010 que la cantidad mínima de agua que una persona necesita para poder vivir dignamente es de entre 20 y 50 litros diarios.

El tema del agua debe estar más presente en las agendas públicas, mediáticas y políticas para que se reforma la manera en que nos relacionamos con el vital líquido, pues si no cambiamos el rumbo, para el año 2030 la situación puede escalar hasta llegar al grado de emergencia.