David Eduardo Hidalgo Ramírez 

En forma de carbonato, cloruro, óxido, bromuro y yoduro, el magnesio ha sido empleado desde tiempos muy antiguos, tanto de manera industrial como por sus propiedades curativas. En la tabla periódica lo encontramos en el mismo grupo en el que están el calcio y el zinc, grupo de elementos que desempeñan un rol muy importante en la fisiología.  

En nuestro cuerpo, el magnesio es un nutriente que nos ayuda a regular las funciones que realizan los músculos, el sistema nervioso y cardiovascular. También es indispensable para regular en nuestra sangre nivel de azúcar y mantener una presión normal; además de que ha sido un remedio natural para tratar diferentes tipos de dolencias, aliviar resfriados y la congestión nasal. 

Se han documentado hallazgos que demuestran que, en el siglo XVII en Inglaterra, el sulfato de magnesio era empleado en baños públicos a los que asistían las personas para relajarse, aliviar el dolor de espalda y desaparecer el cansancio. Gracias al magnesio podemos elevar la cantidad de serotonina, un neurotransmisor que nos pone de buen humor y que al actuar en el sistema nervioso central nos permite disfrutar de una sensación de calma con la que se mejora la calidad del sueño. 

En la biosfera, el magnesio es un elemento irreemplazable e indispensable para que los vegetales verdes puedan convertir la energía solar en clorofila; además de que este elemento participa en más de 300 reacciones bioquímicas en todas las formas de vida que existen en nuestro planeta. 

La medicina integrativa reconoce la importancia de este maravilloso mineral y recomienda incluir en nuestra dieta diaria la ingesta mínima de magnesio, considerado por el doctor José Luis Pérez-Albela como “el eslabón perdido de la salud”, siendo de una importancia similar al aire que respiramos. 

Oral, intravenoso o transdérmico, el cloruro de magnesio es un nutriente mineral básico que favorece la función de las células reduciendo el daño oxidativo y fortaleciendo el sistema inmunológico, por lo que se recomienda como un elemento indispensable en nuestro botiquín familiar. 

Se ha puesto más interés a la ingesta de calcio, sin considerar la dependencia que existe entre ambos minerales, corriendo el riesgo de reducir la importante función del magnesio en nuestro cuerpo, con una sobresaturación de calcio, ya que, a mayor nivel de este elemento, se registrará un menor nivel de magnesio, favoreciendo la presencia de calcio en tejidos suaves, siendo esta una de las principales causas de la artritis y los cálculos renales; por lo que se recomienda que la ingesta de calcio sea equilibrada con una proporción igual de magnesio. También se ha alertado respecto a que una deficiencia de magnesio es un factor en el desarrollo de arritmias, taquicardias y fibrilación ventricular. 

Vegetales de hojas verde oscuro como las espinacas, acelgas y aguacate; así como las nueces, pistaches y almendras, son algunos de los alimentos que debemos de consumir diariamente para conservar nuestros niveles de magnesio. 

Los naturópatas son especialistas médicos a los que usted puede consultar para conocer la mejor forma de mantener un óptimo nivel de magnesio, un nutriente indispensable para tener el control de la salud en nuestras manos.