Rafael Lulet / @Rafael.lulet

Hace algunos siglos un pensador liberal en Inglaterra, determinó que la riqueza de un país dependía en la especialización de sus jornaleros, en la liberación de los precios, en la oferta y el mercado, de la mano invisible, pero sobre todo en una cosa, del intercambio comercial o sea en la eliminación de aranceles a lo llamado actualmente a la libre circulación de mercancías, ese personaje fue el padre de la economía clásica también el precursor del liberalismo económico o sea a Adam Smith, sin olvidar el mencionar de la contribución tan importante en dicho tema a otro inglés como lo fue David Ricardo.

El capitalismo como sistema económico ha sobrevivido por más de tres siglos, la propiedad privada, el trueque de mercancías, la creación del papel moneda, la fundación de una institución como lo es la banca, la práctica de inversiones las cuales derivan a las grandes casas bursátiles entre otras entidades financieras muy comunes en el lenguaje de una sociedad modernista; la implementación de los tratados de libre mercados, han dado pauta a ir acercando a países para el intercambio de productos inexistentes en uno y aprovechables en otros, generando no solamente eso sino también el canje de idioma, cultura, costumbres, entre otros más.

Sin embargo hubo un tiempo donde el mundo parecía dividido, por un extremo el occidente y otro el oriente, a pesar de la ruta de la seda el planeta se dividió por los sistemas económicos implementados en cada uno de ellos, recordando por un lado a los socialistas y por otra parte a los comunistas sin olvidar a los capitalistas, teniendo al frente a países representativos generando con ello el imperialismo en todo su apogeo tal como lo describió en su momento Vladimir Lenin, la lucha de clases, un término muy común en la doctrina Marxista, y la deuda social que le dejaban a deber a los trabajadores por concepto de la plusvalía del capital por los dueños de los medios de producción, siendo ese término parte esencial de ese esquema, pero desbancado dicha definición posteriormente por Von Barwerk de la escuela austriaca con su estudio de la cadena de valor.

Ahora bien, la tecnología y los medios de comunicación se apoderaron del mundo acercándolos cada día más, las distancias se hicieron cada vez más estrechas permitiendo el intercambio cultural y económico convirtiendo en la ruta de la seda como algo sin igual, a esto se le llamó globalización, el capitalismo sobrevivió a los ya mencionados modelos económicos transformándose en un aspecto nuevo y liberal pero con otras vertientes combinándose con un socialismo donde la mercancía ya manejaba un precio y el intercambio comercial hacia fuera de las fronteras, sin embargo eso conllevaría a un costo, si uno de los integrantes de esa red financiera colapsaba, terceros sufrían sus efectos, si a otro le acontecía una catástrofe a los demás les afectaba, y si a un integrante le caía una plaga o una pandemia a todos les generaba ruinas.

Es así como las enfermedades nos pueden repercutir tal como nos encontramos actualmente con el COVID-19, en un mundo globalizado tiene sus repercusiones a nivel mundial, lo ocurrido en Europa con la peste negra no fue nada en comparación, porque no afectó al resto de la humanidad, pero ahora, un minúsculo microorganismo como lo es un virus, repercute en todos los sentidos al planeta entero en cuestión de días generando una reacción en cadena equivalente a una fusión nuclear, colapsando en la salud, en lo social, en lo laboral, sin mencionar en lo económico el cual mueve a un país completamente, esto refleja lo frágil que puede ser el mundo moderno, ¿Quién se beneficia o menoscaba en el juego del caos?, esa es la cuestión en un sistema volátil.