Pedro Flores 

Muy interesante la publicación del Doctor en Ciencia Política de Raúl Niño Buitrago, egresado de la Sorbona de París, denominada: “Teoría de la distracción para los líderes de estilo populista en América Latina”, en donde explica la guerra y los métodos de este tipo de gobierno como una forma de desviar la atención, para evitar los problemas internos que pueden afectar su gobernabilidad.

El autor señala que: “el populismo se desarrolla en un contexto donde las instituciones democráticas son incapaces de procesar y atender adecuadamente las demandas ciudadanas en este contexto, los líderes populistas buscan explotar el descontento ciudadano con el sistema político asumiendo formas de representación que estén por fuera de las instituciones tradicionales y que les den a ellos identificación”

De esta forma en México tenemos un gabinete que no opera, un secretario de Hacienda cuyas versiones se contraponen con las de su jefe, un secretario de Relaciones Exteriores que se ve rebasado por una “Embajadora especial plenipotenciaria” que acude a instancias internacionales, a realizar peticiones que históricamente ya han sido contempladas y que nada más ponen en ridículo al gobierno mexicano.

En la reunión con el Papa Francisco se solicitó que la iglesia pidiera perdón por las situaciones que se vivieron con los indígenas en la conquista y que al padre Miguel Hidalgo y a José María Morelos y Pavón, también sacerdote, se les perdonara, para que no pasaran a la historia como excomulgados.

En todos los gobiernos, debe haber alguien que aconseje a los mandatarios sobre el tenor de las visitas y sobre todo el tipo de peticiones que se van a solicitar, pero, aquí en México no sucede así, y caemos en lo que decía Platón que; la enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia”

Sobre el primer punto, el perdón de la iglesia hacia las culturas naturales de Mesoamérica, han sido 3 pontífices que ya lo hicieron San Juan Pablo II pidió perdón en 1992, al decir: “Pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia, sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América, externado en República Dominicana.”

Benedicto XVI pidió perdón en 2007, en su viaje apostólico a Brasil reconoció en la Audiencia General, que “el recuerdo de un pasado glorioso no puede ignorar las sombras que acompañaron la obra de evangelización del continente latinoamericano, no es posible -decía Benedicto- olvidar los sufrimientos y las injusticias que infligieron los colonizadores a las poblaciones indígenas, a menudo pisoteadas en sus derechos humanos fundamentales por lo cual pido perdón.”

El Papa Francisco pidió perdón en 2015, en Bolivia, manifestó: “Les digo, con pesar: se han cometido muchos y graves pecados contra los pueblos originarios de América en nombre de Dios. Lo han reconocido mis antecesores, se postre ante Dios e implore perdón por los pecados pasados y presentes de sus hijos”’.

Sócrates decía: “La verdadera sabiduría está en reconocer su propia ignorancia”, pero en México no tenemos muchos sabios dentro del gobierno, ya que, si los hubiera, no se habría consignado en la carta entregada al Papa Francisco la solicitud del levantamiento de la excomunión de Hidalgo y Morelos, porque dichos personajes murieron en el seno de la Santa Madre Iglesia Católica y Apostólica.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha señalado que ambos personajes fueron confesados y enterrados en lugares sagrados, lo cual no hubiera sido posible de haberse mantenido la excomunión. Para el caso de su degradación, al revisar el Concilio de Trento, el Pbro. Watson indica: “que el carácter sacerdotal no se puede perder por ningún tipo de ceremonia, sino que permanece eternamente… a pesar de la degradación, Hidalgo y Morelos murieron siendo sacerdotes de la Iglesia Católica’”.

En el caso del llamado Penacho de Moctezuma que es un  quetzalapanecáyotl o tocado de plumas de quetzal engarzadas en oro que actualmente se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria, que según la tradición perteneció al tlatoani Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), aunque no hay certeza histórica de ello, ni autenticidad de su antigüedad, y ya dijeron que no lo sacaran de su recinto porque corre el peligro de deshacerse.