Bernardo López  

A Joe Biden le urgía que el presidente Obrador acudiera a la Cumbre de las Américas, para apuntalar las pocas simpatías que aún tiene, pues la población de Estados Unidos está muy molesta por una inflación que ronda el 8.6 por ciento, cifra que no se veía desde 1981, además de que el precio del galón de gasolina supera los cinco dólares -y en algunas partes de California llega hasta 7-, carencia de fórmulas para bebés y el aumento de los precios de los alimentos.

Tenemos la hipótesis de que este proceso inflacionario -que ya habíamos abordado en un artículo anterior- también se encuentra relacionado con el colapso financiero y bancario de 2008, vinculado a la quiebra de Lehman Brothers, pero que analizaremos en otra ocasión.

Esta renuencia a asistir a la reunión muestra que no hay una buena relación entre los gobiernos actuales de México y Estados Unidos, además que el representante del ejecutivo nacional olió la debilidad de su homólogo estadounidense, ligado al Partido Demócrata, el cual podría ser arrasado en las elecciones de noviembre pues apenas y cuenta con 39 por ciento de aprobación; no es casualidad que se haya escogido como sede a Los Ángeles, California, bastión de este partido, además de contar con una mayoría de población de origen mexicano.

El presidente Obrador se excusó con el argumento de que no todos los países del continente fueron invitados, además de señalar que Biden tiene muchas presiones de varios políticos de origen cubano, sin embargo, el problema principal es que no existen ideas comunes entre Estados Unidos, Cuba, Venezuela y Nicaragua, por lo tanto, no hay manera de que lleguen a acuerdos, lo más que podrían alcanzar serían recriminaciones.

Con estos antecedentes, la idea de una comunidad americana -similar a la Unión Europea- no es posible, porque los países prefieren su soberanía y las capacidades de mantener la decisión de sus asuntos internos, además de que los sistemas políticos intracontinentales son incompatibles, mucho menos cabría la posibilidad de una moneda única, simplemente porque las economías no son comparables. En caso de que se concretara una idea así, el primer país en salirse de este acuerdo sería Estados Unidos o Canadá, haciendo una analogía con el Brexit.

Por lo tanto, que el presidente quiera ir a visitar al mandatario estadounidense para presentarle un proyecto de tal magnitud, está destinado al fracaso. Lo que tenga mayor éxito es una negociación de tránsito libre de mexicanos hacia Estados Unidos, un cambio de apuntalar la imagen de Joe Biden. Ese sí sería un proyecto ganador para ambas partes.