Ángel Bejarano O. 

Hace algunos días platiqué con tres amigos, dos de ellos se retiraron del ejercicio periodístico por falta de oportunidades para continuar escribiendo, o tal vez la edad fue un impedimento mayor; el tercer integrante del grupo fue diputado por el PRD en dos ocasiones: local y federal. Le guardo un verdadero aprecio a este último, pues se retiró de la política asqueado de los golpes bajos que se daban en las tribus del Sol Azteca. Fue un diputado honesto y muy trabajador, aunque usted no lo crea.

El tema principal por tratar fue el (des) gobierno de López Obrador, importante por demás, dado que los dos amigos periodistas tenían mucha fe en que el tabasqueño haría un buen papel, despreciaban lo hecho por Peña Nieto, asegurando que ningún presidente del PRI había sido tan corrupto como éste.

En algunas ocasiones que platicamos vía telefónica seguían creyendo que Andrés iba por buen camino. Me criticaban porque les decía que este gobierno era todo, menos un buen gobierno.

Pues bien, el día de la charla, frente a un líquido negro que lo cobrarían como café, tratamos de analizar las 45 promesas que hizo López Obrador en su toma de posesión, cuando estaba montado en su nube.

Dijo, por ejemplo, que promovería una ley para convertir la corrupción en delito grave. Al respecto, coincidimos los cuatro integrantes de la mesa que el gabinete de Andrés se ha caracterizado por tener gente demasiado corrupta. Dos ejemplos: Delfina Gómez, actual secretaria de Educación Pública, conocida como la “señora del diezmo”, quien exigió a los empleados del municipio de Texcoco una lana para triangularla y llegara a Morena. Ella fungía como presidenta municipal.

Un ejemplo más: ha trascendido que Rocío Nahle, secretaria de Energía, impide la autorización de gasolinerías a quienes cubren todos los requisitos solicitados, pese a que Pemex tiene la última palabra. Algunos solicitantes aseguran que incluso ya se cubrieron los requisitos más importantes para las autoridades ($) que dan el sí, pero hasta ahora ha sido un “no” contundente.

Ejemplos de corrupción hay más, pero no acabaríamos de nombrarlos en este texto.

El presidente se comprometió a no permitir robar a nadie, pero ya se vio que ha sido letra muerta.

“Al margen de la ley nada, y por encima de la ley, nadie”. Sólo palabras, fue la coincidencia de los cuatro integrantes de la mesa, respecto a la frase de batalla de López Obrador.

Prometió también que el precio de la gasolina no subiría y la realidad ha sido otra. Subsidio brutal que está afectando a otras partidas. Aseguró también que impulsaría proyectos productivos con inversión nacional y extranjera y ahora baila al son de Chico Che para decirle a los gobiernos de Estados Unidos y Canadá que la soberanía de México no se vende, pese a que el T-MEC, suscrito con ambos países el 30 de noviembre de 2018, refiere acuerdos con empresas de esas entidades asentadas en México.

El exdiputado perredista, quien me pidió que omitiera su nombre, lamentó que el presidente se haya burlado de la gente con la dizque rifa del avión presidencial. “¿Dónde quedaron los dineros de los boletos vendidos?”, preguntó.

Del nuevo aeropuerto los tres amigos coincidieron en señalar que es una obra absurda, dado que ya costó más que el de Texcoco, con la diferencia de que aquél sería una magna obra. Consideraron también en que el tren maya y la refinería serán obras de ornato muy onerosas.

Otra de las promesas del presidente fue la del programa de medicamentos gratuitos en las zonas marginadas, mismo que hasta ahora ha resultado un proyecto fallido. Ahí están los requerimientos de los niños con cáncer, quienes no han tenido los medicamentos para su tratamiento, y las más de dos millones de recetas médicas que no han sido surtidas en un año.