Enrique Escobedo

El poder es un tema de análisis desde tiempos remotos y sobre él se han escrito obras trascendentales y formidables como El Príncipe de Maquiavelo, La República de Platón y Masa y Poder de Elías Canetti. De ahí que es un tema de estudio que puede abordarse como estructuras y formas de gobierno, sus manifestaciones formales, autoridad en negociaciones de paz, de consensos y disensos, en partidos políticos, en actores sociales y en la personalidad de los seres humanos cuando tenemos poder y lo podemos observar y palpar también en comportamientos informales cuando algunos grupos tiene poder de fuerza, de armas o de cantidad y lo ejercen violentamente. En pocas palabras, el poder es hacer que otros hagan o no hagan en determinada forma en una relación de espacio, tiempo y circunstancia.

El tema es tan importante que por eso el estudio del poder se aprende en prácticamente todas las instituciones de educación superior del mundo bajo la forma de la Ciencia Política y sus estudiantes rápidamente aprenden que el poder es, además de un objeto de estudio, un objeto de conquista. Lo saben porque su análisis es desde muchos puntos de vista, ya sea como ciencia, como técnica y cómo arte. Aún más, puede ser mediante especialidades tales como asuntos o relaciones internacionales, comunicación política, gobierno o administración pública y se estudian a las instituciones, así como al comportamiento humano. Lo que nos dice que el tema del poder también se estudia en las escuelas de psicología.

La psicología del poder y sus efectos en los individuos cada día adquiere mayor importancia pues cuando deseamos conocer el carácter de las personas basta con darles poder político y observar su lógica de comportamiento y el tipo de  decisiones que toman.  Sobre todo porque el poder se vuelve obsesión en ciertos personajes y es tan placentero, pues ya se sabe, se vuelve adictivo debido a las endorfinas que el cuerpo crea.

Pero resulta que así como la historia registra casos de enloquecidos por el poder, también en sus anales encontramos políticos que le dieron sentido social y creativo al poder. Son personajes que desde el principio sabían para que querían el poder, cómo emplearlo y aceptaron sus límites institucionales a través de las instituciones y la división de poderes.

En efecto, el poder tiene muchas utilidades sociales, ejemplos los encontramos en la creación de instituciones, en el diseño de políticas de Estado, en la planeación a largo plazo y sentar bases de infraestructura con el propósito de que nuevas  generaciones la aprovechen.

El individuo que entiende la utilidad social del poder, lo que hace cuando asume un cargo, es aprovechar lo rescatable, proyectarlo y multiplicar su efecto exponencial mediante el bagaje de la cultura administrativa que hereda de las instituciones públicas. Pero si no comprende la herencia socialmente construida y lo que hace es destruir todo pasado, culpar a sus antecesores y señalar que la burocracia es un mal necesario, lo que realmente está haciendo es demostrar su falta de visión de Estado, su miopía política y que la vanidad es su guía.

Los romanos sabían mucho acerca del poder y estaban conscientes que la vanidad es uno de los peores enemigos de los políticos y por eso cuando los generales y emperadores desfilaban en sus carruajes ante el pueblo a fin de festejar alguna victoria, detrás de ello había un esclavo que les iba susurrando al oído “toda gloria es pasajera” a fin de que nunca olvidaran la utilidad social del poder y que la vanidad no los cegara.