Rafael Lulet

“Por sus frutos os conoceréis”, un viejo adagio proveniente del nuevo testamento, Jesús el Cristo se refería con su parábola a las acciones buenas o malas de las personas, al fruto de nuestras vidas o nuestros egoísmos, aplicable a cada individuo en la sociedad, el Estado en un aspecto primitivo nace en una colectividad con la función primordial de proteger a ese conjunto de gente denominados después en la modernidad como soberanos, ese ente nuevo resguardaba como gendarme a un pueblo contra invasores mientras los demás se dedicaban a hacer lo suyo, pagando una cuota a cambio, así fue como surgió ese pacto social, mencionado por John Locke.

El Estado moderno, con la aparición de los derechos humanos se transforma de un ente gendarme a uno más integral en beneficio de sus soberanos, libertades positivas y negativas dan origen a una nueva concepción de gobierno en todo el mundo, con un único trabajo, el de salvaguardar a sus soberanos agregando el garantizarles la satisfacción de esos derechos sociales, generando para ello las instituciones y las estructuras garantes para así cumplir con su encomienda.

Ante una democratización de libertades, el Estado es producto de las decisiones ciudadanas, por ende, el pueblo tiene el régimen merecido, porque así lo escogió, retomando esa inolvidable frase del “Tigre” Azcárraga.

En México, a dos años de haber elegido al actual presidente, se ha visto el desencanto, los desaciertos, las polarizaciones, la politiquería, la falsedad de los datos, la doble moral, entre muchas cosas más; hay sectores enojados por eso, mientras otros aún defienden a este nuevo régimen, a su “mesías tropical”, pese a la falta de gobernabilidad, porque si nos vemos objetivos, López sigue sin hacer su verdadero trabajo encomendado por la Constitución y por el pacto social, continúa haciendo campaña usando la política como instrumento, dejando a un lado la administración pública, el cual es el idóneo para dirigir a un país, y mientras se lo permitan seguirá haciéndolo, ¿eso lo convierte en un mal dirigente?, sí, pero es el resultado de la voluntad de un pueblo, ambos son cómplices del mismo mal: “por sus frutos os conoceréis”.

Un mal momento para tener un gobierno como este, la pandemia ha desenmascarado a muchos actores políticos entre ellos al presidente, la desinformación hacia la población ha generado que personas contagiadas salgan a las calles como si nada, contaminando a diestra y siniestra, sin mencionar a aquellos quienes piensan la inexistencia de un virus peligroso como el SARS-CoV-2, realizando eventos, fiestas o reuniones sin importar las consecuencias, en resumen el ser humano en un aspecto primitivo tal como lo hacen los chimpancés imitan lo visto por otros, seguimos siendo animales al final de cuenta, como lo expone Carl Sagan en su libro “los Dragones del Edén” con el Complejo “R”.

Por tal sentido, si el presidente no usa cubrebocas es una señal como referencia a los demás, y eso por imitación lo hacen los mexicanos quitándole la importancia de su uso porque así también lo hace el primer mandatario, generando consecuencias como las vistas en los números de contagios y muertes, explicando con esto como personas andan por las calles sin protección, sin el uso de las medidas sanitarias, bajando la guardia como si ya hubiese terminado el estado de emergencia, replicando exactamente el mismo ejemplo de un líder gubernamental irresponsable.

El término de “covidiotas” se le aplica a esos individuos irresponsables y egoístas, quienes piensan ser invencibles, usando un término de “libertad” individual para ejercer sus derechos, sin importarles la afectación a terceros, y dentro de su ignorancia consideran estar actuando “bien” a pesar de los daños causados, dentro de ello vemos a personas como Salinas Pliego con su última reunión donde una Paty Chapoy defiende dicho festejo sin las medidas sanitarias ante las críticas en un momento de pandemia, argumentando ignorantemente el ya haber superado el Covid-19, olvidando el distintivo de “figuras públicas” teniendo la obligación de cuidar su conducta por el mal o buen ejemplo proyectado volviendo con esto a lo dicho sobre la imitación, recayendo en una irresponsabilidad, sin olvidar que no se encuentran exentos de volver a contagiarse.