• El campo sangra. Acecha la inseguridad. Utopía y realidad. López Obrador ha transformado en un mito el agro mexicano. Penetración financiera rural paso del 20% en 1990 a menos del 2% en 2022
  • Pequeños y medianos productores no cuentan con crédito ni seguro agrícola. 80 % de pobreza está en donde se producen los alimentos

Guillermo Pimentel Balderas

Cualquier propuesta de política económica agrícola y rural, necesariamente tiene que partir de reconocer las realidades en el campo mexicano. Por la complejidad de las evidencias que viven, quizá, millones de mujeres y hombres rurales, obligan a repensar su futuro. Se requiere políticas monetarias y fiscales acordes con la problemática real, pero deben acompañarse de políticas públicas de nueva generación con bases paradigmáticas cualitativamente diferentes.

Otra realidad, los agricultores enfrentan el mayor reto de su vida al no contar con este gobierno de la 4T como un aliado, sino al contrario, como un enemigo que, se ha encargado de desarticular y desmantelar todas las instituciones de apoyo al campo. En una palabra, ¡es más devastador que Otis!

Dirigentes agropecuarios, profesionistas y académicos de la agricultura, denotan su preocupación debido a que a cinco años de este gobierno, “de la transformación”, ha llevado a la ruina, a la destrucción, a la devastación al agro mexicano.

Es el peor sexenio para los que viven del campo y alimentan a la mayor parte de la población mexicana. Este gobierno se ha dedicado a destruir todo a su paso. Más que una lástima, desde el Congreso de la Unión, donde son mayoría los morenistas y aliados, se han tomado las peores decisiones en la historia de este parlamento en perjuicio de las mayorías y cada vez hunden más al pueblo en la pobreza.

Estos conceptos fueron expuestos por los entrevistados por este reportero, quienes, además, ostentaron que en manos de la ciudadanía, de los mexicanos, está hacer el cambio verdadero que urge y necesita el país.

El doctor en Economía Agrícola, Cruz Alberto Uc Hernández, nos confió que existe una cantidad importante de inconvenientes para que el medio rural pueda salir adelante. Se pensó, dijo, que con el cambio de gobierno, en este sexenio, por fin se iba a empoderar a los productores; sin embargo, se fallo en la designación de los funcionarios responsables de atenderlos.

Este sexenio ya paso como el peor de la historia para el medio rural (aunque le falte todavía un año), porque instrumento programas insuficientes y otros los dasapareció. Frenó recursos públicos a largo plazo y la productividad y la producción se vinieron a la baja. La dependencia alimentaria en algunos casos se ha incrementado y en otros se ha mantenido.

Esto, añade, corrobora lo que estamos viviendo el día de hoy; es decir, políticas públicas de corte neoclásico (imitar los usados antiguamente). “Yo no veo una política agrícola, ya digamos de izquierda, pero por lo  menos de avanzada en términos de organización para no seguir dependiendo de grandes empresas”, acoto.

El presidente del Colegio de Agrónomos de la República Mexicana (que agrupa a 12 colegios estatales y 3 de especialistas), explicó que con datos del último censo agropecuario (Inegi), de las 32.1 millones de hectáreas de uso agrícola, 4.5 son únicamente de riego, 3.3 de riego y temporal y 22.4 solo de temporal y, en 2022, se reporta que de las 32.1 millones de hectáreas de uso agropecuario, de éstas 26.1 millones son de superficie activa, 20.5 millones de superficie sembrada y 5.6 millones no fueron sembradas. “De éstas, hay que precisar que 2.6 millones no fueron sembradas por falta de crédito, mal temporal, entre otras causas; además, el tema ambiental esta con un papel marginal en la asignación del gasto”, asentó.

Uc Hernández -egresado de la Universidad Autónoma Chapingo-, reflexionó sobre la penetración financiera rural que pasó del 20% en 1990 a menos del 2% en 2022. “Los pequeños y medianos productores entre 2 y 50 has no cuentan con instituciones de crédito rural, ni seguro agrícola, tampoco tienen acceso a los mercados de coberturas de precios. Existe una relación inversa entre la penetración financiera y el grado de marginalidad de las regiones; además de que existe un sesgo hacia los productores más desarrollados que captan más del 70% del crédito formal”, precisó.

Con relación al minifundio, explicó que ha permanecido e, inclusive, incrementado en los estados del sur-sureste entre los productores con menos de 2 has que representan más del 70% del total. “En general estos predios carecen de riego, carecen de infraestructura y equipo productivo. Los productores minifundistas no tienen acceso al crédito rural, reciben apoyos individualizados que fomentan la destrucción del tejido social organizado, limitando el ingreso al mercado rural en condiciones competitivas”, asentó.

Subrayó, que estos ejemplos son algunas de las realidades del agro nacional y, acentuó que el gasto público rural, según la distribución referida en el PEC, adolece de criterios de planeación de largo plazo. ”El gasto social vía transferencias directas se ha incrementado de 2004 a 2023 ocho veces. El presupuesto destinado a desarrollo de capacidades desde 2004 se mantiene en el mismo nivel, con la atenuante que el sistema de atención actual ha dejado fuera de estos servicios a los pequeños y medianos productores que no son sujeto de políticas públicas rurales”.

Y, por si fuera poco, atenuó que la inversión en infraestructura y comunicaciones presenta caídas vertiginosas de un año fiscal a otro, denotando ausencia de criterios de planeación del gasto público destinado al fomento productivo lo que representa el 20% de lo que se destinaba a mediados de los años 80.

El especialista en economía agrícola (perseguido político de este gobierno), indicó que con la nueva clasificación de la pobreza realizada por el CONEVAL, el 16.4% de los pobladores rurales están en pobreza extrema, el 28.2% presentan pobreza de capacidades y el 52.2% pobreza patrimonial. Carecen de acceso a seguridad social 77.7, con servicios básicos en la vivienda 52.2 y los estados con mayor pobreza rural son: Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Puebla, con más del 60% de su población y, San Luis Potosí, Campeche, Tabasco, Tamaulipas, Quintana Roo y Zacatecas, con más de 50% de su población rural pobre.

“Más del 50% de la población indígena vive en el medio rural, de esta más del 75% en condiciones de pobreza y, la dependencia alimentaria se ubica en el 45% de los alimentos que consumimos”, notó.

Asentó que por la complejidad de las realidades expuestas obligan a repensar el futuro del campo mexicano. “Se requiere políticas monetarias y fiscales acordes con la problemática descrita, pero deben acompañarse de políticas públicas de nueva generación con bases paradigmáticas cualitativamente diferentes”, insistió.

Y, no se diga otros desafíos más que enfrentan los productores del campo en México: extorsiones, pago de cuotas y robo de productos. ¡También, acecha la inseguridad!

Correo: delaciudad1951@gmail.com