David Hidalgo Ramírez 

Un cuestionamiento que siempre ha acompañado a la medicina tradicional o Naturopatía es el discutir si esta práctica profesional tiene un verdadero rigor científico o se ha quedado en términos de una actividad que se pasa de generación a generación pero que adolece de ese elemento sustancial que le permita abatir la desconfianza de algunos sectores sociales o núcleos poblacionales que demandan mayor certidumbre en el quehacer terapéutico.

Ya en una anterior colaboración en este mismo espacio se había abordado el aporte significativo del Dr. Laville a la Naturopatía, en esta ocasión ese insigne investigador debe ser de nuevo mencionado, ya que, como resultado de algunos de sus trabajos, el profesor Claude Vincent desarrolló la bioelectrónica: una ciencia que cuantifica los parámetros biológicos de la sangre, pero que también lo hace con agua potable, los productos cosméticos o los medicamentos. Con esta técnica queda demostrado la superioridad de los alimentos biológicos, crudos, frescos e integrales respecto a sus homólogos que han sufrido procesos químicos, han sido cocidos, se han refinado o han perdido frescura.

Otro ejemplo que ilustra de forma significativa el soporte científico de la medicina tradicional o Naturopatía, son las transmutaciones biológicas llamadas de “baja energía” del profesor Kervran que permiten investigar fenómenos que en la naturaleza realizan minerales u oligoelementos, desafiando todas las leyes de la química conocida.

Existen dos áreas de la Naturopatía que son claras muestras de lo avanzado de la práctica científica de esta Medicina: la Aromaterapia y los Aromatizantes del doctor Bach. La primera, ha encontrado en algunos naturópatas la élite de la investigación a nivel mundial. Son dignas de mención las investigaciones sobre nuevos aceites esenciales, sobre todo antivirales, antisépticos o inmunoestimulantes, e incluso aerosoles que ionizan la atmósfera de forma natural, positiva o negativamente. La segunda, ofrece remedios inofensivos mediante la maceración natural de plantas al sol con un asombroso poder sobre la conciencia y las emociones. Estos aromatizantes o esencias florales, son capaces de corregir las alteraciones más perversas del carácter y del comportamiento sin violencia ni injerencia: timidez, impaciencia, resentimiento, indecisión, depresión, obstinación, angustia… han podido ayudar a innumerables personas con alteraciones nerviosas.

La cancerología de más reciente cuño, tal como la desarrolló el doctor Hamer en Alemania, trastocó totalmente las nociones clásicas del tumor que se ha de destruir, bombardear con rayos o envenenar a cualquier precio. Apoyándose en la fiabilidad que proporciona la experiencia de miles de casos, radiografías y escáner, todo cáncer tiene una raíz determinante de orden psicoemocional.

Se pueden imaginar las dudas, el rechazo y los trastornos que provocan semejantes revelaciones; lo cual, con seguridad, explica las trabas administrativas, políticas y humanas con las que se enfrentó el doctor Hamer.

De igual forma, la geobiología, nueva síntesis de los conocimientos de los zahoríes, radiestesistas y otros “brujos con péndulo” de nuestros campos, también encuentran un hueco en el campo de la investigación científica de más alto nivel; hace escuela, reconcilia lo racional con lo intuitivo.

La lista de ejemplos de la forma en que la Naturopatía ha venido avanzando como producto del rigor científico son interminables, pero lo que queda absolutamente demostrado es que estas investigaciones y descubrimientos científicos que ilustran la legitimidad y el crédito de la Naturopatía son pruebas más que suficientes para desterrar el escepticismo y prejuicio de algunas personas con respecto a esta extraordinaria parte de la Medicina. Asimismo, los trabajos en cromoterapia, musicoterapia y cancerología abren un campo realmente prometedor donde se reconcilian pasado y futuro, lo racional y lo irracional, es decir saber y conocimiento.