YO CAMPESINO

Artículo / Obradorato

Enrique Escobedo

Recuerdo que mi profesor de historia de la preparatoria nos decía que el porfiriato era una expresión despectiva popular, pues se refería a un periodo de tiempo excesivo en el que una persona, en este caso Porfirio Díaz, gobernó dictatorialmente. Explicaba que no era porfirismo ya que no se trataba de una doctrina o un sistema político como socialismo o capitalismo. Insistía en que el sufijo “ato”, en este caso, era despectivo y hablaba de otro ejemplo: el Maximato. También precisó que hay excepciones a la regla y significan exactamente lo contrario. Léase, decanato o bachillerato. El caso, concluyó, es que el porfiriato o el Maximato son ejemplos de la historia nacional que debemos aprender a fin de que esos gobiernos no se repitan.

Desafortunadamente hoy la historia nacional registra un nuevo episodio de pesadez debido a las claras y ya inequívocas señales de un Maximato o poder detrás del trono. Es cierto que aún no toma posesión la futura presidenta y es importante otorgarle el beneficio de la duda. No debe ser fácil convivir y compartir la transición con un hombre ávido de poder y que intentó permanecer en el poder mediante el eufemismo de “prolongación de mandato” a fin de encubrir la reelección. Más aún, filtró la idea de que la revocación de mandato pudiese extender su gestión y tampoco le funcionó. Ahora lo intenta al imponer a la mitad del gabinete de Claudia Sheinbaum, al anunciar antes que ella algunos cargos en el gabinete ampliado y haberle sugerido a los dos líderes en las cámaras del Congreso de la Unión.

El presidente Andrés Manuel López Obrador lleva a la futura presidenta a su gira de despedida por los estados de la República y cuando es el turno de hablar de ella no le queda más que repetir lo dicho por su mentor. Todo bajo el manto de un supuesto segundo piso de una quimérica cuarta transformación. Lo cual significa que aún no conocemos el pensamiento político de ella y que no tiene más remedio que plegarse, como todo el equipo del tabasqueño a sus designios e incluso caprichos. peor aún, ahora a ella le ha dado por incluir en sus discursos que es un honor acompañar al mejor presidente de México de los últimos tiempos.

Por todo lo anterior sostengo que México inicia la era del Obradorato. Un gobierno que nos hereda un crecimiento sexenal de entre 0.7 y el 1% de crecimiento. Peor que con cualquier gobierno neoliberal y que se agudiza debido a que el crecimiento poblacional ha impactado en el PIB y nos deja peor que en 2018. La deuda la incrementó amlo en un 60% lo cual significa que mientras en 2018 era de 84 mil pesos por persona, en el 2024 será de 130,700 pesos por persona.

Desde el punto de vista político, México regresó a la elección de Estado y por una imposición a todas luces fraudulenta, el Congreso de la Unión ya no debatirá leyes, ni las enriquecerá, pues el carro completo es una realidad y el partido de Estado regresa al totalitarismo.

Las pruebas PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes) relativas a la calidad educativa nos indican que México retrocedió y la atención médica en materia de salud nos indica que la esperanza de vida al nacer de los mexicanos disminuyó. En pocas palabras, la administración obradorista no la podríamos calificar como la mejor de los últimos lustros y, sin embargo, él y sus colaboradores no pueden o no quieren ver la realidad.

Así pues, ni en lo económico, ni en lo social, ni en lo político, México avanzó. De ahí que hablar del Obradorato tiene sentido. Sobre todo porque se avecina un cambio de régimen y mucho me temo que el tabasqueño acabará imponiéndonos unilateralmente sus ideas y el poder lo seguirá ejerciendo desde Macuspana o Palenque.

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