Pedro Flores

México está a punto de entrar a una crisis nunca vista, ya que una vez que pase la fase crítica del COVID-19 en nuestro país, como consecuencia de la recesión económica, la reducción presupuestal al campo y el nuevo TLC, así como la importación de casi el 80 % de lo que consumimos, nos deja muy cerca de una pandemia alimenticia

Van a ser meses de incertidumbre en la economía global y familiar, ya que hay que esperar a que se regulen las actividades con el nuevo T-MEC, que ha puesto en jaque a los productores de frijol, arroz y trigo y que mantiene nuestra dependencia con EU del maíz amarillo, además de que casi el 90% de las exportaciones mexicanas se destinan al país del norte, y el 80% de las importaciones vienen de allí

El anterior panorama se presenta en un país en donde existen 25.5 millones de ciudadanos en pobreza extrema a las que se le suman, más de 1 millón de personas de trabajos formales desempleados, más los informales, y cuyo campo acusa una gravísima reducción de prepuesto.

El presupuesto es un tema vital para el sector agropecuario, lamentamos los recortes, de acuerdo con el PPEF, en el 2020 se estiman 46 mil 253 millones de pesos para la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural; en el 2019 se presupuestaron 65 mil 435 millones, y en el 2018, como Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, 72 mil 125 millones.

Nuestro país carece desde hace mucho de un proyecto real, pero sí de parches sobre la producción agrícola y ganadera, como ocurrió en el siglo pasado antes de la globalización, lo que nos ha convertido en un gran importador alimentario con una fuerte dependencia en términos de nutrición.

Ante la carencia de un plan nacional agropecuario, real y no burocrático o populista que le quiera entregar el dinero directo a los productores, cuando muchos no saben ni leer ni escribir, demuestra un total desconocimiento de la realidad productiva del país.

México requiere de un proyecto en donde se tome en cuenta la heterogeneidad del territorio, con sus particularidades culturales teniendo su entorno natural y evitar la compra de millones de toneladas de granos y otros alimentos básicos, que llegan de Estados Unidos y de otros países de Europa y Asia, a través de tratados comerciales.

De que nos sirve que tengamos estados con gran actividad agrícola como los siguientes: Michoacán, que aportó el 14% del valor agrícola generado durante este año, seguido de Jalisco con 10%, Sinaloa que aporta el 8%, Chihuahua con 7% y Sonora también con 7%.

Tenemos el caso de Veracruz, cuya fortaleza agropecuaria es desaprovechada, a pesar de que su territorio cuenta con un gran potencial para la producción de alimentos en beneficio del país, sostuvo Rafael Lindo Chaga, dirigente nacional del Frente de Organizaciones Sociales y Económicas

En este 2020, además de la incertidumbre de la pandemia del coronavirus, se presenta, una disminución en la producción agropecuaria de 2,5% contra 2019, esto derivado de sequías, principalmente en el frijol y la caña de azúcar, además, México importa lo que antes exportaba, no sólo el maíz sino  también el  arroz, el cual traemos  90%  de Asia, producto que desplazó a los agricultores de “Tres Valles” Veracruz, según datos de la Unión General Obrero, Campesina y Popular (UGOCP), lo cual nos coloca ente una grave crisis alimentaria.