Nidia Sánchez

La realidad de hoy no es la misma desde que inició el confinamiento, aunque existe la posibilidad de salir igual (como si no hubiera pasado nada –negación-) o transformados para bien, nos comenta Martha Rodríguez Pérez, estudiosa de la tanatología y de la prevención del suicidio.

Todo esto nos interrumpió y colocó en un reloj de espera en el que quizá para algunos el tiempo transcurrió lento, tal vez pudimos adaptarnos, la situación para otros fue el aviso de que se quedaron sin trabajo.

Lo que este confinamiento pudo haber provocado es un choque de emociones. Los primeros días quizá fueron formidables, porque algunos pensaron que sería un largo descanso.

Este tiempo de encierro ha removido emociones que han dado pie a la confrontación con los otros integrantes en casa y con uno mismo, así ha sido en la mayoría de los casos.

El caos es necesario porque puede abrir la conciencia, ahora es importante mirarnos por dentro, ir a la introspección.

Hay personas que no saben ni lo que sienten, así que pueden tomar un cuaderno, y escribir (describir) ¿Qué siento? Es necesario identificar si hay la tristeza, enojo, amargura, indiferencia. Tal vez se quiere anular la emoción, a veces no se muestra la vulnerabilidad, la conclusión a la que deberíamos llegar es a tocar los sentimientos, esto conduce a la respuesta de saber por qué lo sentí.

Los especialistas podemos afirmar que toda la gente que está enojada está sufriendo. Son emociones perjudiciales cuando no se gestionan.

Hay tumbas emocionales, hay emociones encriptadas, hay quienes solo sobreviven y esperan que llegue el siguiente día a ver qué pasa. Hay que darles significado a los recuerdos, insiste en escribir para identificar y leer después, ir por las conclusiones de tus creencias que son lo que van a determinar todo.

Se debe trabajar en el equilibrio, porque todas las emociones son importantes.

Es básica la comunicación con la familia, a pesar de que no sea de la mejor manera y se registren continuamente reclamos, eso es mejor a que se queden enterrados y sin resolver los conflictos. Si la comunicación es álgida, elegir calmarse y hablar en otro momento.

La base de todo es el contacto humano y eso no se cambia por nada.

El duelo en sí es un proceso de vida, y es constante en todo, desde la niñez comienza y se va presentando de la forma en que cada uno lo cree y le da significado al objeto o a la experiencia de algo.

Al referirse a la infancia, se le da significado o valor a cosas o personas, se pueden crear apegos y creencias, convertirse en heridas al significar demasiado, es entonces que resulta necesario atender un proceso de duelo al tener la tarea de mirar la situación de diferente forma y resolver.

Observar cómo reaccionamos nos puede conectar a uno o más recuerdos, conducir a la infancia y confrontar para saber desde cuándo sientes lo que sientes.

Hay heridas de la infancia, que te llevan al recuerdo de que pudiste haber sido invalidado en tus opiniones, sentirte humillado, a esos momentos es que se les debe dar importancia en cuanto a la posibilidad de un autodescubrimiento que nunca termina.

Tenemos que estar adaptándonos siempre. Al finalizar este tránsito (confinamiento) es saber si esto trajo una enseñanza.