Bernardo López

La pandemia del coronavirus COVID-19 ha sido el argumento perfecto para el levantamiento de nuevos muros entre los países, con lo que termina de sepultar el proceso de globalización económica y entra de lleno la nueva era cibertecnólogica con tendencias nacionalistas.

El anuncio de ingresos controlados o cierres fronterizos dan pie a una contracción económica internacional, debido a que muchas mercancías provienen de países extranjeros, pues, aunque se dijera que los productos tendrían paso sin restricciones, lo cierto es que muchos ya no se encuentran en varios comercios.

En la semana tuve la oportunidad de escuchar un reportaje sobre las mercancías que se vendían en Tepito. Lo curioso es que los comerciantes decían que había ausencia y carencia de productos chinos, los cuales tuvieron que sustituir por mercancías nacionales. Este fenómeno es uno de tantos que provocan el nuevo virus, que pone de manifiesto un regreso de los productos nacionales, y posiblemente la exacerbación de los nacionalismos: uno de los objetivos que ha tenido Estados Unidos desde hace algunos lustros, frenar el desarrollo económico de China, aunque no estamos afirmando que el virus haya sido propagado de manera intencional.

Otros grandes rubros que podrían sufrir modificaciones, al menos esa es otra hipótesis, son la educación y los servicios.

En el caso de la educación, existen dos factores que deberían preocupar. El primero es el de la cibereducación, pues con el encierro se da prioridad a la educación a distancia, con herramientas que derivan de la inteligencia artificial, y con esto romper el binomio maestro-alumno, para fracturar los vínculos sociales entre los humanos, para cederle todo el proceso educativo a una máquina virtual.

El otro rubro tiene que ver con los adultos mayores, quienes tienen la mayor experiencia y pueden advertir sobre las amenazas a sus hijos o nietos. Estos vínculos permiten a las siguientes generaciones tener conciencia sobre los abusos y prepararse para no permitirlos, sin embargo, con la llegada del COVID-19, toda esta experiencia se pone en peligro debido a que este virus es mortal para los adultos mayores de 60 años. Entonces, al erradicar el conocimiento de estos, se deja vulnerable a los jóvenes y a merced de la cibereducación.

Por otra parte, mientras se le regalan billones de dólares a los miembros de Wall Street, las generaciones del milenio y consecuentes tendrán que lidiar y cargar con las deudas que dejan las empresas, producto de sus malos manejos y quiebras. Aunque eso no lo verán en el corto plazo.