David Hidalgo Ramírez 

El hígado, el páncreas y la vesícula biliar, forman parte del tracto gastrointestinal; que junto con una serie de órganos huecos que están unidos por un conducto largo y retorcido que comienza en la boca y termina en el ano, son nuestro aparato digestivo, lugar de nuestro cuerpo en donde se extraen los nutrientes de lo que ingerimos y en donde se produce la energía que necesitamos para mantenernos sanos.

Para mantener en buen estado nuestro aparato digestivo, es importante consumir alimentos ricos en fibra; así como ingerir agua y contemplar en nuestra dieta verduras y probióticos, y tener hábitos que nos permitan ejercitarnos físicamente todos los días.

De forma voluntaria el individuo elige que es lo que va a introducir a su boca, satisfaciendo así su necesidad básica de alimentación y dando inicio al proceso inconsciente con el que inicia nuestra nutrición; pero no sólo eso, es en nuestro aparato digestivo dónde se controla nuestro estado de salud y es precisamente en donde se originan las enfermedades mentales, la obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades del corazón, osteoporosis y una amplia lista de padecimientos que merman nuestra calidad de vida.

Es en nuestros intestinos en donde se esconde la muerte y tener nuestro aparato digestivo sano es indispensable para la correcta absorción de los nutrientes que requiere nuestro cuerpo. Los estreñimientos, la diarrea, acidez y la inflamación abdominal, no es algo normal.

“Los humanos somos lo que comemos”, es una reflexión que el filósofo y antropólogo alemán Ludwig Feuerbach nos comparte en su obra “Enseñanza de la Alimentación”, escrita en 1850; desde entonces este exhorto a mejorar nuestra alimentación no ha prosperado en lograr hacer de una sabia mezcla de proteínas, grasas, carbohidratos, vitaminas, minerales y agua, base de nuestra alimentación.

Nos encontramos en un momento en la historia de la humanidad, en la que no existe la menor duda de que todo lo que se procesa en nuestro aparato digestivo influye directamente en nuestras neuronas y en nuestras capacidades cognitivas y, la naturaleza, nos ha hecho saber que el problema de la contaminación no solo es consecuencia de las emisiones de CO2, también la encontramos en nuestros campos, en donde nuestros alimentos ya no se producen en armonía con nuestro entorno, demeritando la calidad de los nutrientes que de manera natural debieran aportarnos.

Debemos de ser conscientes de ¿qué es lo que estamos comiendo?, y ¿cómo lo comemos?; así como estar conscientes que, dependiendo de la calidad de los alimentos que procesa nuestro aparato digestivo, será la calidad del desarrollo de nuestro organismo y del funcionamiento de nuestro sistema inmune.

Papas fritas, bebidas azucaradas, pan blanco, dulces, carnes embutidas, alcohol y la llamada “comida chatarra”, son algunos de los productos que jamás debes ingerir, ya que los alimentos industrializados, refinados y con azúcar y grasa añadida, son los principales causantes de todas las enfermedades crónico-degenerativas que padece la humanidad.

Desde hace 25 años, en el Centro Universitario de Alternativas Médicas (CUAM), a través de diversas investigaciones hemos demostrado que un cambio radical hacia una alimentación saludable, reduce el riesgo de padecer este tipo de enfermedades y, sí, si comemos saludable, seremos seres con el control de la salud en nuestras manos.

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