Bernardo López

En 2006, todos o casi la mayoría daban por perdedor al candidato republicano Donald Trump, quien logró imponerse con 304 votos colegiados, contra 227 que obtuvo su contrincante, la demócrata Hillary Clinton, quien fue apoyada por todo un aparato propagandístico, que se puede apreciar principalmente en encuestas, noticiarios, debates y cinematografía.

En el voto popular, Hillary Clinton logró uno por ciento más que Trump, 62 millones, contra 61 millones del republicano, sin embargo, en Estados Unidos lo que cuenta es el voto colegiado, de los cuales, el presidente de ese país logró obtener el de estados clave (swing) como los estados críticos Florida y Ohio, pero también Míchigan, Pensilvania y Wisconsin. Además de otros menores, aunque no menos importantes como Arizona, Georgia, Iowa y Carolina del Norte. Mientras que la demócrata logró imponerse en Colorado, Nevada Virginia y Nuevo Hampshire.

En 2020, la mayoría de las encuestas apuntan a una victoria de Joe Biden, sin embargo, podría reeditarse el escenario que se dio en las elecciones de 2016, aunque con una posible diferencia: el número de votos colegiados para alcanzar la victoria podría ser de un margen menor, y esto debido a los desatinos por parte de la administración Trump.

Ni la presunta popularidad de Barack Obama y de su esposa Michelle han logrado impulsar una victoria clara para Joe Biden, aunque el apuntalamiento parece indicar la desesperación por no lograr la certidumbre de victoria, o, mejor dicho, prevén una inminente derrota.

En México una victoria de Trump es más conveniente porque existe una afinidad de trabajo con el presidente Obrador, y en caso de que ganara Biden sí habría un congelamiento de las relaciones, debido, principalmente, al voto del Ganso en favor del republicano, cuando estos se reunieron en Washington. En el caso de la victoria del demócrata, los diplomáticos mexicanos tendrían que trabajar al triple para poder impedir daños económicos para el país.

El destino del mundo se está jugando en Estados Unidos, donde lo que queda de las libertades que tienen garantizados los seres humanos podrían estar en juego, ya que son amenazadas por el encarcelamiento físico -dentro de nuestras propias casas- y el enclaustramiento digital al que nos quieren encauzar e imponer por la presunta pandemia del Covid-19. Si los electores de Estados Unidos son sabios, sabrán que el camino que eligieron en 2016 fue el correcto y permitirán, al menos por el momento evitar ese encierro.