Enrique Escobedo 

Cuenta la leyenda que alguien escribió en el sepulcro de Alejandro Magno “Esta tumba basta para aquel que no tenía suficiente con el mundo entero”. Seguramente la ironía es falsa, pero la metáfora es lo importante porque la necesidad de trascender no sólo es individual, la sociología ya demostró que las sociedades queremos dejar huella de nuestro paso por el mundo. De ahí que las grandes civilizaciones han erigido obras monumentales y proyecten su cultura.

La relación entre un mausoleo y una tumba es significativa porque el mausoleo puede ser algo grandioso como lo es la pirámide de Keops, los Inválidos en París en donde reposa el cuerpo de Napoleón o algo relativamente recatado como es el caso en donde reposan familias, un ejemplo de eso lo encontramos en el panteón francés de La piedad o también puede ser algo grotesco como los narcotraficantes que mandan construir mausoleos estrafalarios. Una tumba es modesta y alude a la idea de que sólo somos tierra.

El tema es la búsqueda de la inmortalidad ante la crisis existencial de la contingencia humana. Es, en otras palabras, que la historia registre un nombre y un lugar para ser recordados. Lo interesante es que los presidentes en nuestro país dicen que cuando llegue el día de su último viaje no quieren mausoleos y prefieren un sepulcro modesto, pero les encantan las obras faraónicas.

En otras palabras, acuden a supervisar el desarrollo de una obra de infraestructura y hacen una fiesta de pre-inauguración en donde develarán más tarde una placa que no tiene su nombre y que sólo refleja su falsa modestia.

Esas contradicciones son propias de la naturaleza humana y se convierten en las reglas no escritas de la vida de las naciones y de sus sistemas políticos. De ahí que lo acontecido hace una semana en el aeropuerto Felipe Ángeles tiene, al menos, tres mensajes.

El primero se refiere a la abierta manifestación del presidencialismo en México y el mensaje de que el poder económico no subordinará al poder político en esta administración, el segundo es decirnos que la actitud republicana es funcional en la modestia presupuestal y arquitectónica y la tercera es demostrarnos que el puerto aéreo de Texcoco es el sepulcro simbólico de la gestión corrupta de Enrique Peña Nieto.

El presidente López Obrador regresará tantas veces como sea necesario a Santa Lucía, pues tiene claro que es un proyecto prioritario de su gobierno y, consciente o inconscientemente, lo acontecido hace unos días en Santa Lucía es afirmar que la construcción es el equivalente a los mausoleos de los hombres de poder.

Lo cual por cierto es también común en los empresarios cuando los estadios de futbol llevan sus nombres, algunas vitrinas de museos los registran como sus benefactores o en algunas instituciones de educación superior los inmuebles tienen sus bustos. Otro caso es el de los generales que después de ganar una batalla o una guerra organizan desfiles militares y construyen algún tipo de monumento aludiendo al triunfo de ese conflicto. Así lo ha demostrado la historia.

Sinceramente considero que las obras de infraestructura tienen ese halo de honesta responsabilidad de atender una necesidad social y, simultáneamente, de cierta vanidad presidencial de no pasar inadvertido en el mundo. De ahí la metáfora de que el nuevo aeropuerto, Dos Bocas y el Tren Maya son mausoleos.

Claro que no todo son tumbas y mausoleos. También hay calles, jardines y nombres de estación del Metro, pero en muchos casos nadie sabe quiénes fueron esos personajes, qué hicieron y las razones por las cuales se les menciona.

Por eso, independientemente si se trata de una tumba, un mausoleo o una avenida, en ocasiones es mejor recordar nombres de personas ilustres por su sensatez ante la historia, que nombres de personas que son recordadas por sus erróneas decisiones y construcción de elefantes blancos.

El panteón de la humanidad es grande y todos cabemos. Algunos serán más recordados que otros. Eso no cambiará. Políticos, generales y empresarios serán juzgados por la historia y estoy seguro de que esa irónica frase que se dice alguien escribió en la tumba de Alejandra Magno seguirá siendo vigente.