Ángel Bejarano O. 

Hace algunas semanas escribí en este espacio un artículo que intitulé “Hacia dónde va el PRI”. En él hacía mención que la presencia de Alejandro Moreno como presidente de ese partido representaba su casi desaparición y la pérdida de gubernaturas. Además, hice mención que su pasado nebuloso como gobernador de Campeche representaría un as para Morena para cobrarle la factura para no encarcelarlo. 

Y es que las operaciones simuladas que le redituaron ganancias multimillonarias, amén de desvíos de recursos por más 59 millones de pesos y lavado de dinero, entre otros delitos más, le permitieron a Morena esperar el momento oportuno para doblarlo y mostrarlo ante los ojos de la ciudadanía lo que realmente es: un pillo contumaz que llegó al PRI para concluir su desaparición. 

Alejandro Moreno supo orquestar perfectamente la estructura que rodea al tricolor para tener el control completo.  Toda la estructura priista en la república depende de él, independientemente de que en la Cámara de Diputados la mayor parte de los legisladores le rinden pleitesía. 

Ciertamente, avalar la presencia del ejército para que se haga presente en las calles hasta el 2028 fue el primer pago de su libertad. Pero aquí hay algo que Morena debe tomar en cuenta: las instancias judiciales deberán dar seguimiento a las denuncias que hay en contra de Moreno y, por lo que se ha dado a conocer, no hay defensa que le permita evadir la cárcel. Son muchos los delitos cometidos por el presidente del PRI. 

De no ser así, el electorado podrá constatar que Morena está utilizando los negros expedientes de sus opositores para lograr sus objetivos. Y no es que estén libres de culpa a quienes estén persiguiendo, es que los objetivos son selectivos y esperando los momentos justos para actuar judicialmente hasta lograr su objetivo. 

La traición de Moreno estaba cantada, por lo que extraña la reacción tardía de los ex presidentes priistas que se reunieron con él para solicitarle su renuncia al cargo. 

Ahora bien, para las elecciones para renovar las gubernaturas del Estado de México y Coahuila en las elecciones que tendrán lugar en junio del próximo año, los gobernadores Alfredo del Mazo y Miguel Ángel Riquelme, respectivamente, bien podrían decidir si el PRI va en coalición con el PRD y el PAN para asegurar el triunfo, haciendo a un lado la posición que asuma Alejandro Moreno, en caso de que su decisión se incline porque su partido contienda solo. 

Moreno estará al frente del PRI hasta septiembre de 2023, esto le permitirá a su sucesor definir si para la elección presidencial este partido hará alianza con el PAN y el PRD y, si las circunstancias son propicias, con Movimiento Ciudadano. Los tiempos se acortarían, pero todavía estarían en tiempo para elegir a un candidato. El problema para la oposición es que no hay un político que reúna las características para hacer frente a quien designe Morena. 

Por cierto, me llegó información en el sentido de que el elegido para contender por la presidencia por Morena será el “francesito” Marcelo Ebrard, información que debe tomarse con la reserva del caso. No obstante, el hecho que el secretario de Relaciones Exteriores se exhiba con su esposa en diversos eventos tiene un significado en el mundo de la política. 

El epílogo de estos hechos tan deleznables para los priistas es que este partido se verá reducido a su mínima expresión, situación que nunca imaginaron quienes lo veían como el enemigo a vencer.