El rendimiento del bono del Tesoro de Estados Unidos a 30 años alcanzó este martes su nivel más elevado desde 2007, al ubicarse en torno a 5.327 por ciento, en medio de una venta generalizada de deuda gubernamental y de nuevas preocupaciones sobre la inflación y las finanzas públicas estadounidenses.
El incremento en las tasas de los bonos de largo plazo refleja la inquietud de los inversionistas ante el crecimiento de la deuda de Estados Unidos, el elevado déficit fiscal y las necesidades de financiamiento del gobierno. A ello se suman las presiones inflacionarias derivadas del aumento de los precios del petróleo.
El rendimiento del denominado “bono largo” había cerrado el lunes cerca de 5.31 por ciento, antes de continuar su avance durante la jornada de este martes.
Petróleo e inflación presionan al mercado
Uno de los principales factores detrás del movimiento es el repunte de los precios del petróleo, que han superado los 90 dólares por barril ante la incertidumbre relacionada con el conflicto entre Estados Unidos e Irán.
El encarecimiento de los energéticos aumenta las expectativas de inflación y genera dudas entre los inversionistas sobre la trayectoria de las tasas de interés, particularmente en un momento en que los mercados esperan nuevas señales de la Reserva Federal.
La combinación de inflación, petróleo caro y mayores costos de financiamiento ha provocado una venta de bonos en distintos mercados internacionales. Los rendimientos de los bonos de largo plazo también han alcanzado niveles elevados en Europa y Japón.
Preocupa el déficit de Estados Unidos
Otro elemento que pesa sobre los bonos estadounidenses es el deterioro de las cuentas públicas.
Los inversionistas exigen mayores rendimientos para mantener deuda de largo plazo ante la expectativa de que el gobierno estadounidense tendrá que continuar colocando grandes cantidades de bonos para financiar su gasto y cubrir sus obligaciones.
A esto se suma una creciente emisión de deuda corporativa relacionada con las inversiones en inteligencia artificial y centros de datos, lo que incrementa la competencia por recursos financieros en el mercado.
El aumento de los rendimientos implica también un mayor costo para quienes se financian tomando como referencia las tasas de los bonos del Tesoro, desde gobiernos y empresas hasta consumidores.
Mercados financieros resienten el aumento
El incremento de las tasas de largo plazo ha generado presión sobre los mercados accionarios y otros activos financieros, debido a que los rendimientos más altos de los bonos pueden hacer menos atractivas las inversiones de mayor riesgo.
La situación también repercute en el costo de los créditos hipotecarios y otros financiamientos vinculados a las tasas de largo plazo.
El bono estadounidense a 30 años es considerado uno de los principales referentes para medir las expectativas de los mercados sobre inflación, crecimiento económico y sostenibilidad de la deuda pública.
El nuevo máximo registrado este martes coloca nuevamente al mercado de deuda estadounidense en niveles que no se observaban desde los años previos a la crisis financiera de 2008.
Por ahora, los inversionistas mantienen la atención en la evolución de los precios del petróleo, las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal y las medidas que adopte Washington para enfrentar el creciente déficit y sus necesidades de financiamiento.

