Aleinad Mina  

A principios del siglo XX se consolidó una nueva manera de concebir el arte a partir de su ruptura con los valores del arte tradicional. Además de innovar la experiencia artística, diversas vanguardias fueron una denuncia en contra del atroz culto a la violencia nazi. Hitler repudió el arte moderno tildándolo de idiota, decadente y degenerado. El régimen nazi montó la exposición Arte Degenerado en 1937, en Múnich, para denigrar a las nuevas tendencias artísticas.

Hitler confiscó todas las obras de arte moderno de museos y colecciones privadas de Alemania, y organizó una exposición para mostrar las obras de artistas que supuestamente tenían enfermedades mentales o que no compartían los ideales del nacionalsocialismo. En la exposición se presentó el trabajo de más de cien artistas que tenían un lugar central en el arte moderno como Picasso, Paul Klee, Kandinsky, George Grosz, Chagall, Max Ernst, Oskar Kokoschka, Emil Nolde, Otto Dix, y Egon Shiele.

Entre las vanguardias consideradas degeneradas destacó el expresionismo alemán, el cubismo, el impresionismo, la nueva objetividad, el dadaísmo y el surrealismo, todas éstas fueron calificadas, por el régimen, como un arte mediocre que atentaba en contra de los ideales de las bellas artes.

La escultura de El hombre nuevo (1912) de Otto Freundlich fue de las obras más representativas y se eligió para la portada del catálogo de la exposición. En el catálogo se leía que: “lo que están viendo son los productos enfermos de la locura, la impertinencia y la falta de talento. Necesitaría varios trenes de carga para limpiar nuestras galerías de esta basura […] Esto sucederá pronto”, escrito por Hitler.

En las secciones se abordaron distintas temáticas: arte producida por judíos, arte que insultaba al pueblo alemán, en particular a las mujeres y a los soldados, arte que ofendía a la religión y la “Sala de la locura” en la que se exhibió el arte abstracto junto con pinturas realizadas por personas internadas en hospitales psiquiátricos.

La estrategia propagandista del nacionalsocialismo en el ámbito cultural fue un elemento central de su política totalitaria. Además de los medios de comunicación Hitler utilizó el arte como instrumento para educar a las masas. De ahí que esta exposición buscó afianzar el rechazo al arte moderno, mediante la burla a los artistas y el desprestigio del valor estético de las propuestas contemporáneas.

Para contrastar la exposición de arte moderno degenerado se montó también la Gran exposición de arte alemán en la Casa de la Cultura en la cual se le dio lugar a la estética fascista de Ziegler, Schmitz-Wiedenbruck, Conrad Hommel, entre otros. El arte del Tercer Reich fue la hegemonía cultural nazi, se centró en ideales estéticos que ensalzan el realismo heroico y romántico, la mimesis de la naturaleza que provee de belleza, valores eternos y veneraciones sagradas a los espectadores, asimismo se inclinó por la continuidad estética del arte clásico.

Los artistas degenerados formaron una resistencia al no reconocer lo sacro de los valores estéticos impuestos en las academias, valores que funcionaron de manera hegemónica fuera del ámbito artístico. La discontinuidad artística degenerada amplificó la experiencia y desarrolló un lenguaje propio, político, estético y social, como menciona Valeriano Bozal: “Era, ciertamente, «degenerado», felizmente degenerado y deforme en un mundo que identificó la pureza con el exterminio del otro, la tierra con la sangre, la vida cotidiana con el destino sublime.”