Aleinad Mina

Aurora Reyes fue pintora, poetisa, activista, miembro de Partido Comunista Mexicano, y participó en el movimiento muralista del siglo XX. Su espíritu crítico, impregnado en su obra, nos presenta una identidad nacional que emerge desde las tradiciones prehispánicas, las luchas sociales, la cotidianidad, y sobre todo sus muros, rescatan la fuerza e importancia de las mujeres en la educación.

Nació en Chihuahua el 9 de septiembre de 1908, en una familia ilustre del régimen porfirista, su abuelo fue el general Bernardo Reyes, y su tío el filósofo Alfonso Reyes. Tras la muerte de su abuelo, llegó a la colonia de la Lagunilla, en la Ciudad de México, su juventud la pasó en este barrio, lo cual hizo que se sintiera identificada con la clase popular, con la que siempre mostró un sentido de pertenencia. Tanto su núcleo familiar como sus propias experiencias fomentaron sus inclinaciones políticas, pero la artista forjó una visión propia, se mostró crítica de la realidad mexicana, y el arte fue el campo donde sus ideas dieron fruto.

Durante la primera etapa del muralismo, de 1921 a 1924, la artista estudió en la Academia de San Carlos, su formación contribuyó a forjar su estilo, y a lograr expresar sus posturas ideológicas. Sin embargo, su activismo le permitió vincular definitivamente el arte con la política, y la lucha social.

Aurora Reyes participó en diferentes movimientos culturales y políticos de México. En la década de los treinta colaboró con el grupo de intelectuales de la Tribuna de México, además inició su actividad sindicalista, militó en el Partido Comunista Mexicano (PCM) e ingresó a las filas de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), una sede mexicana de los “frentes populares de intelectuales antifascistas” que se habían formado en varios países. Aunque era una época lejana a las ideologías cardenistas, la artista se interesó por el sentir de la patria, y se sumó al movimiento muralista como un formador de conciencia social.

En 2021 se cumplieron cien años de que iniciara el movimiento muralista mexicano, uno de los más relevantes en la historia cultural de nuestro país, que se distinguió principalmente por su fin educativo, ya que los murales permitían fomentar masivamente la cultura y la identidad mexicana. En este movimiento la mayoría de los artistas fueron hombres, y Aurora Reyes fue considerada una de las primeras mujeres de dicho movimiento. La artista pintó solamente siete murales en la Ciudad de México, su trabajo fue poco promovido, y dichos murales se pintaron en contextos y condiciones distintas.

Se conservan sólo seis murales de la artista chihuahuense: Atentado a las maestras rurales (1936), en el Centro Escolar Revolución (Niños Héroes y Chapultepec, estación de Balderas del Metro en la ciudad de México); Trayectoria de la cultura en México; Presencia del maestro en los movimientos históricos de la patria; Espacio, objetivo futuro y Constructores de la cultura nacional (1962), en el Auditorio 15 de mayo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación  (CNTE) (Belisario Domínguez 32, Centro Histórico de la ciudad de México); y Primer encuentro (1978), en el Salón de Cabildos de la Delegación de Coyoacán. En 1945 Aurora pintó un mural transpórtale de doce metros cuadrados, en dónde abordó el tema del uso del rebozo por la mujer mexicana, pero este último desapareció. Actualmente la conservación de sus murales es muy precaria, sobre todo los cuatro murales presentes en la sede de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) los cuales han sufrido impactos por los terremotos y desde el trabajo realizado por la muralista, no han tenido restauración.

La obra de la muralista mexicana ha sido muy poco difundida, carece de recursos para su mantenimiento: “Son murales vivos que han acompañado la lucha de los maestros, lo cual era una intención de Reyes en su tiempo: demostrar a los trabajadores de la educación y al pueblo los momentos de la historia de México”, y llamó a las autoridades  para que “aceleren la recuperación de los murales, porque son un patrimonio invaluable de la cultura mexicana, señaló Ernesto Godoy Lagunes, nieto de la activista y pintora mexicana.