Aleinad Mina

Entre los encuentros que han tenido arte y ciencia, en un relieve de material orgánico se origina el Bioarte, una de las primeras vanguardias del siglo XXI. Los bioartistas trabajan en laboratorios o estudios con los detalles de la naturaleza y artefactos al servicio de la ciencia. Los principales temas que inspiran el proceso creativo son el proceso de la vida, la intervención científica en la naturaleza, la ingeniería genética y la materia biológica, ¿puedes imaginar una obra-experimento en la que un conejo se vuelve fluorescente?

En la hiperrealidad dibujada por Jorge Luis Borges en su cuento El Aleph, nos narra que el Aleph es un punto que contiene todos los puntos del universo, sin ninguna superposición entre sí. La fusión de arte, ciencia y vida se refleja en la metáfora del Aleph pues lo que entrecruza estos ámbitos es la creatividad como acceso al infinito. El bioarte es apenas la superficie y el destello de ésta grandiosa fusión, aunque es relativamente nuevo, su alcance es complejo. Se trata de un entramado multifacético que toca desde el arte, ciencia, tecnología, filosofía, política y hasta temas morales, que aquí no vamos a agotar.

El bioarte surge con el desarrollo de la biotecnología a finales de los años noventa, cuando la tecnología era aplicada a sistemas biológicos para modificarlos. Así que esta nueva vanguardia abre el debate sobre las posibilidades y límites de las aplicaciones tecnológicas que modifican y crean nuevos organismos. Su carácter interdisciplinario propone su propio espacio nombrado medialabs en donde la creatividad entre tecnología, arte, ciencia y comunicación se traduce en la innovación del conocimiento.

Esta comunidad formó un nuevo desarrollo científico, pero con importantes daños colaterales que implican riesgos para la salud de animales y humanos, además del impacto al medio ambiente, lo que abre debates éticos sobre la vida, la consciencia, y el poder en sus múltiples sentidos. Sin duda es un arte que refleja el contexto social y político de nuestro tiempo.

El fundador del Bioarte, también llamado Arte Transgénico, es el artista y científico Eduardo Kac. Su trabajo fue principalmente en el ámbito de la robótica y la telemática, pero su visión artística se coloca en la genética. En el Festival Ars Electrónica de 1999, presenta esta nueva vanguardia artística como medio para reflexionar sobre los avances genéticos que modificaron por completo nuestra sociedad.

Para Kac, el arte tenía que tomar las herramientas y técnicas científicas para reflexionar sobre los avances científicos y su impacto en la vida en general. En este festival presentó “Génesis”, un gen sintético que inventó mediante la traducción al código Morse de una frase perteneciente al libro del Génesis de la Biblia. Este código se convirtió en pares de bases de ADN, inaugurando el proyecto interdisciplinario Bioarte.

La obra más polémica de Kac fue crear un conejo fluorescente verde llamado Alba. El nacimiento de Alba se da mediante la ingeniería genética, sus genes fueron modificados con proteína verde fluorescente (GFP), sustancia extraída de medusas bioluminiscentes, esto con el fin de que Alba brillase en la obscuridad. Alba fue una coneja aparentemente normal sólo bajo una luz muy específica, emitió un lumínico verdoso. La obra buscó crear un gran debate sobre el ser transgénico y cómo la ciencia puede modificar la vida a partir de la creación o modificación genética. Kac buscó que el público se interesara en su experimento, que ante el asombro se involucrara en las afecciones de las aplicaciones científicas.