Luis Mena Pantoja

Como parte de las actividades culturales de El Aleph, Festival de Arte y Ciencia, se efectuó la mesa de diálogo ‘Color negro mexicano’, en la que cuatro mujeres charlaron acerca de la violencia estructural, la discriminación y el maltrato que se presenta en México hacia las comunidades afromexicanas, de afrodescendientes y de africanos migrantes naturalizados.

Georgina Diédhiou, pedagoga y promotora del derecho a la no discriminación, expresó que México, a pesar de ser un país multicultural, registra profundos problemas de racismo, discriminación racial e intolerancia, principalmente hacia los grupos indígenas y de afrodescendientes, con prácticas cotidianas que se presentan en forma visible e invisible.

“A la edad de 30 años, a mediodía, mientras visitábamos las calles de Guanajuato, nos detuvieron, nos encañonaron, cortaron cartucho, nos amenazaron a mí y a mis amigos, que cooperáramos o habría problemas. Nos gritaron: contra la pared, pinches morenos, identifíquense, a ver qué drogas traen estos negros. Cuando vieron el pasaporte francés de uno de mis compañeros, dejaron de intimidarnos. La ciudadanía francesa fue lo que nos salvó ese día”, recordó.

En este sentido, afirmó que a nivel nacional existe una desigualdad racial y un racismo estructural institucionalizado, con un perfilamiento racial que discrimina por el color de la piel y el origen étnico; y en el que en el imaginario colectivo gran parte de la población considera que no hay población negra nacida en México, que estas personas no son sus connacionales.

Indicó también que en México existen una serie de mitos, prejuicios y estereotipos sobre las características, creencias, gustos -incluso musicales- y la sexualidad de la población negra, vinculados a su cultura, su tono de piel y su pelo afro, que además tienden a hipersexualizar los cuerpos de las mujeres negras.

Por su parte, Mónica Moreno Figueroa, profesora de Sociología en la Universidad de Cambridge en Inglaterra, aseguró que en México el racismo es extenso y complejo. En su ponencia se refirió al racismo ambiental e institucional del Estado, particularmente en el caso de la Laguna de Chacahua en las costas de Oaxaca, al negarle a la población negra el acceso a un medio ambiente sano, no involucrarla en la toma de decisiones y afectar su derecho a un trabajo digno.

“Durante décadas el gobierno ha implementado acciones y políticas actuando de manera negligente y omitiendo obligaciones que han afectado desproporcionalmente a la población afromexicana e indígena que vive en y de la laguna”, afirmó.

La académica explicó que el racismo institucional consiste en que los gobiernos pongan al final de sus prioridades las necesidades y demandas de la población negra e indígena; y que el racismo en México es fundamentalmente antinegro, “con el sinónimo que se crea entre esclavitud y negridad, con la gente negra como esclava, y el esclavo como lo peor, lo más bajo y deshumanizado”.

“Todos los mexicanos y mexicanas, de todas las clases y en todos los lugares e identidades raciales, tienen una relación con la idea de lo negro, y esa idea de lo negro organiza mucho de la vida de las personas. El mestizaje es el proyecto racial mexicano que se basa en la idea de la mezcla, una mezcla en la que se favorece la mezcla de los indígena y español, con una lógica de blanqueamiento”, puntualizó.

“Una gran parte del racismo en México está sustentado en esta parte del mestizaje, que ordena lo indígena en una jerarquía especial, con prejuicios raciales hacia lo negro”, señaló en su oportunidad, Yasnaya Elena A. Gil, lingüista y activista mixe.

Finalmente, Juliana Ávila Acevedo, mujer negra afromexicana y activista por el reconocimiento de los pueblos negros de México, se refirió al racismo estructural, que tiene como claras manifestaciones la falta de acceso a servicios de salud y educativos, y la negativa a un trato digno.