Luis Mena Pantoja

El pintor francés Pierre-Auguste Renoir es reconocido como figura central del movimiento impresionista. Sus obras se caracterizan por su belleza y sensualidad, con desnudos femeninos y paisajes coloridos inspirados en pinturas clásicas renacentistas y barrocas, que reflejan felicidad y alegría, plasmada en tonalidades vibrantes y luminosas.

Nació el 25 de febrero de 1841 en Limoges, Alto Vienne, Francia, dentro de una familia humilde, como sexto de los siete hijos del sastre Léonard Renoir y la costurera Marguerite Merlet.​ En 1848 inició su educación en una escuela religiosa en París, donde destacó por su voz y fue incluido en el coro de la iglesia de Saint-Eustache. En 1854 dejó la escuela para laborar en el taller de pintura en porcelana Lévy. Desde niño tenía grandes inquietudes artísticas y dibujaba en las paredes con trozos de carbón, y al terminar sus labores en el taller, donde progresó rápidamente, acudía a cursos gratuitos de dibujo y pintaba abanicos.

En 1859 pintó sus primeros retratos en óleo, en 1861 recibió una autorización del Museo de Louvre para copiar algunos de sus cuadros y en 1862 aprobó el examen de ingreso a la Escuela de Bellas Artes, además de acudir al taller libre de Charles Gleyre, donde conoció a Claude Monet, Frédéric Bazille y Alfred Sisley, que serían parte importante de su vida artística. Aunque sus amigos preferían el estudio de la naturaleza, él encontró su fuente de inspiración en el Louvre y en el trabajo de Eugène Delacroix, el gran pintor romántico.

Después de una pausa en su carrera, a causa de la guerra franco-prusiana, en 1874 organizó junto con sus amigos la Primera Exposición Impresionista, en la que 29 artistas presentaron 165 obras. Poco antes, en 1873, se mudó a Montmartre, barrio en que encontraría la inspiración en motivos al aire libre, así como sus modelos, amistades y su futura esposa, la costurera Aline Charigot. En un pequeño jardín cercano a su taller pintó varias de sus obras más reconocidas:El jardín de la calle Cortot en Montmartre, El toldo, El columpio y Baile en el Moulin de la Galette.

En 1876, durante la segunda exposición de los impresionistas, Renoir exhibió principalmente retratos. A partir de 1878 sus obras fueron admitidas en el Salón oficial, y en 1879 conoció al diplomático Paul Bérard, quien en adelante sería su amigo y mecenas.

A mediados de 1880 comenzó a sufrir artritis en sus manos y su obra se transformó, al cobrar un increíble realismo. El pintor entendió que la realidad sin alterarse es hermosa, pues justo en el contraste entre la perfección y las imperfecciones se encuentra la belleza.

En 1882, en la séptima exposición de los impresionistas, expuso 25 lienzos, y comenzó a preocuparse por perder el éxito pues ahora tenía una familia que mantener. Al año siguiente se instaló la primera exposición dedicada sólo a Renoir, con la exhibición de 70 obras, y se volvió mucho más reconocido, por lo que recibió encargos de personajes adinerados, y su obra se exhibió en Londres, Bruselas y en la Séptima Exposición Internacional de Georges Petit.

La salud del artista nunca fue buena, y empeoró en 1889 cuando cayó de una bicicleta y se fracturó el brazo derecho. Sin embargo, a causa de un accidente anterior, ya había aprendido a pintar con la mano izquierda. Durante los últimos 20 años de su vida sufrió dolores permanentes originados por reumatismo, que apareció a partir de su caída.

En 1915 murió su esposa y dos de sus hijos fueron heridos durante la Primera Guerra Mundial, lo que le originó una profunda depresión. Finalmente, murió a causa de neumonía el 3 de diciembre de 1919, en Cagnes-sur-Mer, al sur de Francia.

“Para mí, un cuadro debe ser algo amable, alegre y hermoso, sí, hermoso. Ya hay demasiadas cosas desagradables en la vida como para que nos inventemos más”, Pierre-Auguste Renoir.