Un viejo estanque:

salta una rana,

ruido de agua.

Matsuo Basho

Aleinad Mina

El haiku es una forma poética, de origen japonés, que dona una imagen desnuda de la naturaleza. Se trata de un poema breve de 17 sílabas, cuyo contenido sencillo y profundo, refleja tanto el instante como la eternidad que impera en la dinámica del tiempo. La noción del tiempo es la noción de la vida ¿qué vida no es trayecto?

Aunque nuestra cultura occidental tenga otra perspectiva temporal, en la que se asume un tiempo lineal y sediento de futuro, recurrir al haiku reconstruye nuestra noción del tiempo, pues nos convoca a detenernos en la sensualidad del instante que fluye incesantemente hacia un nuevo ciclo. Si cultivamos haikus vinculamos nuestra vida a su sentido natural, seguir su orden cósmico nos hace vivir con virtud y sabiduría. La intención de estas líneas es exponer qué es el haiku y cómo puede ser un recurso para vivir de acuerdo a la ley natural del cambio.

La poesía haikai floreció en Matsuyama, durante el Período Edo (1603 – 1868). La gente de la región de Matsuyama, especialmente Okudaira Okyo, buscó entretenimiento en el haikai. Este verso tiene una relación con la filosofía budista zen, Matsuo Bashō , uno de los representantes del haikai en el siglo XVII, fue un monje budista que hizo popular este estilo poético. Cualquier persona podía escribir un haikai, sin importar su condición social, siempre y cuando, tomará las reglas tradicionales del haikai. Bashō había dicho que haikai es “sencillamente lo que sucede en un lugar y en un momento dado”, en el aquí y el ahora. El crítico literario Shiki Masaok en el siglo XIX le dotó de autonomía literaria respecto del haikai, ya que era sólo la entrada al poema, y se refirió al haiku como una poesía completa en sí misma.

Un haiku surge de estremecerse ante la contemplación de la naturaleza. El poeta busca compartir el instante de contemplación, su estremecimiento, pero en una ausencia absoluta de su ego. Un instante que se captura con los sentidos, sin estar arraigados a nuestros juicios de valor o experiencias. El tema versa sobre la legalidad de la naturaleza, un elemento fundamental es el kigo, se trata de una palabra o frase que hace alusión a la estación en el que se sitúa el poema. El haiku muestra una escena natural o de la vida cotidiana en 17 sílabas -moras, en japonés- distribuidas en tres versos sin rima, de 5, 7, y 5 sílabas. Además, tiene una pausa gramatical llamada kire que es un giro en el texto, dos versos van conectados y otro es independiente, pues toma una nueva dirección. Esa pausa sugiere acciones implícitas que el lector debe completar para adquirir el misterio del haiku. Los haikus se despojan de la metáfora, del lirismo, de las identidades del ego. La red de estos elementos conforma el haiku, de ahí que el poeta detiene su mirada en el instante presente y experimenta la eternidad del tiempo, en los ciclos estacionales, esa es su esencia. La profundidad del haiku no se agota en la imagen sino en la sugerencia de ideas, nociones culturales, pensamientos, diálogos reflexivos, juegos de la imaginación que el poeta traza para integrar al lector y hacerle participar de la poesía.

Cultivar haikus es mirar el devenir y aprender que todo tiene su lugar, su intensidad, su renovación. Es una guía que nos hace recordar que el mundo se nos presenta como una ley cósmica inextinguible, ignorarla es la causa de sufrimiento. Por ejemplo, no aceptamos el cambio, la muerte, cuando es tiempo de envejecer nos aferramos a estancarnos a una época, cuando es tiempo de florecer y tener abundancia nos quedamos inmóviles, introspectivos, y perdemos oportunidades por no fluir en el tiempo adecuado, cuando hay ocaso en nuestra vida pensamos que es eterno y aumenta nuestro dolor. Detenernos a observar la naturaleza, saber que todo lo que surge cesa, permite que nuestros actos sigan su principio cósmico, es hacer que nuestros momentos se experimenten con plenitud.