Pues unos dicen que ya soy viejo, y otros “que estoy en el apogeo”. Pero no es la edad que tengo,

ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte

José Saramago, poema sobre la Vejez

José Manuel Rueda Smithers

En este México pandémico, donde hay casi 16 millones de adultos mayores de 60 años, los expertos sociales y tecnológicos los voltean a ver, ante las apabullantes cifras que los convierten en ejecutantes comunes de las redes sociales,

Nada más chequemos que más de tres millones de “viejitos”, entre los que me incluyo, por supuesto, hacemos uso diario de las tecnologías, incluidas las famosas (a veces benditas, a veces malditas) redes sociales. Hasta lógico pareciera que la pandemia nos obligó al confinamiento en casa y llegó la “cosquillita” de aprender y practicar para no perder aún más la comunicación con quienes queremos.

Junto con eso, llegan solitas las nuevas formas de entretención, información y solución a necesidades y lecturas de todo tipo.

Para muestra, un botón de oro: Margo Glantz Shapiro, escritora mexicana, que, a sus 91 años, es nada más y nada menos que una de las casi 300 mil personas cuyas edades fluctúan entre los 90 y 94 años de edad que acostumbran las redes sociales. Cumplió ya 10 años de experiencia en Twitter y Facebook y cuenta con más de 60 mil seguidores. AY, AY, AY…

Profesora Emérita de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, ha escrito más de 70 mil tuits desde marzo del 2011; promedia 583 mensajes mensuales y cerca de 19 mensajes diarios.

Al preguntarle sobre el asunto, platica que “la gente que lleva muchos años de vida -como yo, dice- le cuesta trabajo entrar a cierto tipo de medios, que son un nivel más difícil de abordar”. Y explica lo fácil que es encontrar a personas mayores que desprecian las redes sociales, pues piensan que es una verdadera pérdida de tiempo o una frivolidad.

Todos la conocemos por Margo, y ella misma destaca la importancia, la revolución causada por las redes sociales en el mundo, y presume estar dentro de ellas, desde luego, en la medida de las posibilidades de cada quien, pues significa un verdadero esfuerzo para estar presente, vigente. Destaca que el tuit se ha vuelto una cosa totalmente universal.

Ejemplo de ganas de estar y seguir adelante, sin duda.

Y encontré una entrevista a Carlos Welti Chanes, miembro del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, quien apuntó que los usuarios en edad avanzada, a pesar de tener la disposición de sumarse a estas nuevas formas de comunicarse a distancia, al hacerlo, enfrentan limitaciones materiales que no se pueden negar.

Según el censo de población 2020, la mitad de las viviendas en este país no cuentan con acceso al internet. En México viven cerca de 15.5 millones de personas mayores de 60 años. De 100 años o más, hay cerca de 18 mil personas.

El Facebook es la red favorita de los adultos mayores, la de mayor uso en México y la tendencia es generalizada en todas las edades. El WhatsApp es la otra importante, que, aunque sea de uso privado, su crecimiento en los adultos mayores, ha permitido interactuar con familiares, a través de mensajes escritos, video llamadas o simplemente de voz.

Carlos Welti señala la necesidad de implantar una política pública sobre alfabetización digital.

Y como soy súper fan de Saramago, termino con su poema para viejos: ¿Qué cuántos años tengo? -¡Qué importa eso! ¡Tengo la edad que quiero y siento! La edad en que puedo gritar sin miedo lo que pienso. Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso o lo desconocido… Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos. ¡Qué importa cuántos años tengo! ¡No quiero pensar en ello!