“Importante que nuestros niños y niñas aprendan desde muy pequeños a abrir su mente y corazón para comprender y apreciar la diversidad cultural de nuestro país”

José Manuel Rueda Smithers

El fomento a la difusión de la cultura en cualquier país, no debe ser cuestión de especulaciones ni mucho menos de pichicaterías. El que las sociedades conozcan de su pasado y, sobre todo, que entiendan lo que viven en el presente, sin lugar a dudas tiene que ver con el que la cultura misma se difunda, se socialice y más que nada, se respete para entonces crecer como una población bien orientada.

¿Para qué es importante la cultura y sus actividades en nuestro país?

Para respetar el presente conociendo el pasado y sembrando para el futuro. Pero primero, es necesario aprender de la historia y con ello crecer como nación. Pero pareciera que ello ni siquiera es parte de la agenda gubernamental.

Sin embargo, es muy cierto que ahora el problema de la pandemia, hace que la difusión de la cultura se vea muy disminuida, más que por la ausencia de públicos, por los fuertes, muy fuertes recortes presupuestales que han sufrido las instituciones de fomento cultural. Más del 80 por ciento de pérdida presupuestal hace que definitivamente las instituciones sólo queden como entes a la espera de lo que sigue, de poder encontrar nuevos momentos para, si ya no despegar, al menos abrirse otra vez para que la gente acuda a los centros de cultura.

En términos estrictos, la cultura es importante para dar a conocer las costumbres y tradiciones a las distintas generaciones que van dando vida a una sociedad específica, y entonces con ello conocer y dominar todo lo que les rodea.

Pero si la apuesta es al desconocimiento, a la sumisión y a la incultura, lo más seguro es que el dominio sólo se dé a partir de lo que el gobierno quiera difundir y desarrollar.

Mientras que la costumbre sea sólo el conjunto de prácticas o hábitos adquiridos por la repetición (y sí, la constancia), ya sea de una sola persona o de todos, en un entorno social, aquello que forma parte de la identidad se verá reducido a criterios muy pobres y sin miras de socializar y salir adelante. Las costumbres pueden ser peligrosas si solo se dejan como formas de comportamiento que distinga a una comunidad con otra, en lugar de compartir experiencias buenas y conocimientos que desarrollen a las nuevas generaciones a mejores niveles de vida.

Se quedan entonces, en lo que se conoce como una cultura local, lo que permite a los gobiernos mayor control porque fomenta la dependencia y frena la iniciativa por ser mejores, ya que eso le quita poder.

Entonces entramos al otro concepto, el de la cultura y sus beneficios, que, en México, es resultado de la tradición indígena, de la cultura española y de algunos otros enlaces que dieron sentido a la sociedad latinoamericana.

La nuestra es una mezcla rica de elementos modernos y un muy amplio legado del pasado.

Debe, por tanto, abrirse por nuevos caminos, encontrar nuevas formas de desarrollo social para no permitir la imposición y sí ampliar los criterios que permiten crecer como sociedad moderna, orgullosa de sus raíces, pero comprometida con el futuro de las generaciones que, después de la pandemia, tendrán otros conceptos de sus entornos y su convivencia.

La cultura seguirá ahí, esperando al mejor postor y a quien, en buena lid, entienda que también es parte del crecimiento de un país hacia mejores niveles.

Por ahí leí: “Es importante que nuestros niños y niñas aprendan desde muy pequeños a abrir su mente y corazón para comprender y apreciar la diversidad cultural de nuestro país. Esto reforzará su identidad cultural y su reconocimiento frente a otras culturas”.