“En el momento que entendí esto, que mi Párkinson era la única cosa que no iba a cambiar, empecé a mirar las cosas que sí podía cambiar. Como la forma en que se financia la investigación”.

Michael J. Fox

José Manuel Rueda Smithers 

Un estudio reportado en una revista especializada arrojó similitudes estructurales entre este aceite con la dopamina, neurotransmisor central de las emociones y del movimiento

De pronto veo a mucha gente, conocidos o no, que cargan problemas mucho más serios que cualquier cosa que yo pudiera traer, y es entonces que entiendo lo complejo que es enfrentar la vida cotidiana con todas sus vueltas.

En concreto, me remito a la enfermedad de Parkinson: “algo más que temblores”, dicen los que saben.

Y hago una muy breve historia del origen de su nombre: James Parkinson su descubridor, nació el 11 de abril de 1755. Fue un médico inglés que describió por primera vez los síntomas de la enfermedad que por eso lleva su nombre.

Él la llamó «parálisis agitante» en alusión a dos de sus manifestaciones: la lentitud de los movimientos y el temblor.

Lo más significativo en este problema del sistema nervioso central es que abarca síntomas que son progresivos e invalidantes, que inciden en la calidad de vida de quienes la padecen y la de sus familiares. Y eso duele, y mucho.

La enfermedad del Parkinson es la segunda patología neurodegenerativa más frecuente, después del Alzheimer, y el segundo diagnóstico neurológico más común entre los mayores de 65 años, también después del Alzheimer. No solo afecta a los ancianos o personas mayores, el 15% de los pacientes no supera los 50 años.

Una noticia alentadora

A través de una investigación, reportada en la revista especializada Toxicology Research and Application, nos explican que científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN) encontraron similitudes estructurales entre la dopamina, neurotransmisor central de las emociones y del movimiento, con el aceite de oliva, por lo que podría ser un protector natural de las neuronas ante la Enfermedad de Parkinson (EP).

Un boletín de esta institución educativa, refiere que la exposición del aceite de oliva disminuyó la toxicidad de ratones inducidos a parkinsonismo.

Explica que los doctores Eunice Farfán, Antonio Abad, Alberto Alatorre, Teresa Pérez, Enrique Querejeta y Marvin Soriano Ursúa, de la Sección de Estudios de Posgrado e Investigación (SEPI), de la Escuela Superior de Medicina (ESM), detectaron que, desde el primer día de las evaluaciones, se observó un progreso notable en la fuerza muscular del grupo al que se le administró aceite de oliva, contrario a quienes recibieron una solución salina o aceite de maíz, que no presentaron ninguna mejora.

Estudios posteriores realizados a la corteza cerebral, cerebelo y algunos grupos de neuronas que se encuentran en el tallo cerebral, arrojaron diferencias significativas en los grupos de control, pues en el que ingirió aceite de oliva presentó daños limitados.

Y como toda información científica, argumentan con elementos técnicos específicos:

“Al realizar un análisis de ese aceite encontramos que contiene tirosol, hidroxitirosol, oleuropeína y oleocantal, moléculas que comparten estructuras químicas muy similares a la dopamina y pudieran tener algún efecto neuroprotector”.

Se han reportado otros beneficios como el aporte de vitaminas del grupo B, algunos compuestos fenólicos relacionados con neurotransmisores y ácidos grasos Omega 3, 6 y 9, que se consideran potentes antioxidantes y cuya presencia previene la degeneración del tejido nervioso.

Esto es, dentro de tanta mala noticia, hay quienes dedican más esfuerzos a encontrar las curas que afectan a nuestra sociedad hoy en día.