“A pesar del papel crucial que se está desempeñando desde los sectores científico y sanitario, esta es una causa en la que hay que remar todos juntos como sociedad”

Sara Gilbert, investigadora de Oxford

  • Más allá del Premio Nobel, el reconocimiento mundial

José Manuel Rueda Smithers

Después de que comenzó la llamada cuarentena por la pandemia generada con el coronavirus, van más de 160 días de encierro para la mayoría de la gente. Algunos como yo, para quien las horas parecen días y hasta meses. Ese es el sentir del mundo y por supuesto en México, aunque hay ciudades enteras (como San José, en California, Estados Unidos, y algunas en nuestro país que ni siquiera consideran que exista la enfermedad como tal- allá ellos y sus consecuencias-).

Aunque las medidas han variado según los países y los gobiernos, las restricciones de movilidad entre las personas no son las mismas que a principios de año. Por eso, aunque la administración encabezada por Andrés Manuel López Obrador no haya decretado un confinamiento forzoso, mucha gente, viva o no al día, sí lo lleva a cabo.

Por el momento, hay una investigadora que ha hecho que el mundo fije la mirada en la Universidad de Oxford, Gran Bretaña, por los adelantos que ha mostrado en torno de una posible vacuna contra el Covid-19. Incluso, hay quien señala que ella experimenta en sus trillizos para demostrar que la vacuna es absolutamente positiva y confiable.

Sarah Gilbert, la genio de Oxford

Lidera el equipo de investigación de la Universidad de Oxford y que ha anunciado haber superado con éxito la primera fase del estudio. Su implicación es tal que ha probado la vacuna en sus hijos, trillizos y futuros bioquímicos, como ella.

Un reportaje publicado por El Mundo, en España, menciona que en “las mentes como la suya, el mundo tiene puesta la esperanza de frenar una pandemia que ya se ha cobrado más de 600 mil vidas en menos de un año.

A los 58 años de edad, Gilbert lidera el equipo de investigación de la centenaria institución educativa, mismo que el pasado lunes 3 de agosto anunció su éxito en la primera fase del estudio de su vacuna contra el coronavirus.

Su implicación en el descubrimiento, menciona la nota de El Mundo, “que han llevado a cabo en el laboratorio británico es tal que incluso sus trillizos, de 22 años, y todos ellos estudiantes de bioquímica, participaron en los ensayos, y es que Sarah, poco amiga de la prensa porque piensa que entorpece su trabajo, se ha entregado completamente a este proyecto durante los últimos meses”.

“De hecho, la científica comienza sus días antes de que salga el sol, pues a las 4 de la mañana inicia su jornada de trabajo en su propia casa, donde vive con su marido, el mismo que renunció a su carrera profesional para poder cuidar de los hijos de ambos. Más tarde, cuando abre el laboratorio de la universidad y se incorporan sus compañeros, ella coge su moto, disfruta por unos breves instantes de la sensación del aire libre, y, tras ordenar sus pensamientos, se prepara para dar un paso más en la contención de la Covid-19. “Ella está muy por delante del resto del mundo, estamos hablando de la vacuna más avanzada ahora mismo a nivel mundial”, elogiaba Kate Bingham, directora del Grupo de Trabajo para la Vacuna del Gobierno británico en una comisión parlamentaria de principios de julio”.

Pues no hay duda que esta mujer recibirá el Premio Nobel de Medicina por sus descubrimientos, aunque me atrevería a afirmar que ella lo hará extensivo a la Universidad de Oxford, para la cual trabaja y que bien merece todo el crédito material. Como toda institución de buena cuna, apuesta por sus científicos, a sabiendas que sus logros, serán también de su colectivo.