Aleinad Mina 

El muralismo del siglo XX es uno de los movimientos artísticos más representativos para la escena del arte mexicano. Los muros se convirtieron en lienzos para la expresión artística de aquella época, principalmente se buscó plasmar un espíritu nacionalista, con tintes políticos populistas y educativos. Arte para el pueblo, para todo aquel que se sienta identificado con la lucha social, e inconforme con las desigualdades económicas. Los muralistas más destacados del movimiento fueron Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, aunque este último, desliga su obra de la carga política, comunista que fue la esencia del movimiento. El muralismo de José Clemente Orozco además de ser pionero en la vanguardia, siempre se mostró fiel a sus ideales, de ahí que su lenguaje simbólico acompaña a una visión muy particular de su realidad.

José Clemente Orozco nació en Jalisco el 23 de noviembre de 1883, parte de su infancia la pasó en Guadalajara y después se mudó a la Ciudad de México. Por influencias familiares obtuvo el grado de ingeniero agrónomo, pero sus inclinaciones lo llevaron a buscar clases de dibujo en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Entre 1907 y 1914, inició académicamente su formación artística en la Academia de San Carlos, donde conoció a Antonio Fabrés y a Gerardo Murillo, también conocido como Dr. Atl. En 1921 se unió a Diego Rivera y a David Alfaro Siqueiros al Sindicato de Obreros Técnicos, Pintores y Escultores, que tenía como base hacer un arte público, además, el sindicato estuvo financiado por José Vasconcelos, Secretario de Instrucción Pública. Todo el ambiente político y educativo de aquella época fue clave para desarrollar sus habilidades artísticas, poco a poco, Orozco adaptó un estilo y lenguaje artístico particular.

Octavio Paz en México en la obra de Octavio Paz. III, al respecto del estilo independiente que logró Orozco, menciona que: “ve la Revolución con ojos de artista, no de ideólogo, no es un movimiento de éste o aquel partido, sino la erupción de las profundidades históricas y psicológicas de nuestro pueblo”. Esta perspectiva es muy pertinente, pues a lo largo de su carrera hay una tendencia a expresar ideales sobre la condición humana y su estancia con la tierra, la guerra, la tragedia, la desventura, la libertad, los indígenas más que rasgos comunistas y políticos; aunque también tiene personajes que irrumpieron en la historia bélica de su país.

Toda la riqueza temática presenta un ambiente taciturno que cae en la seducción del horror, por la angustia que capturan los escenarios, y la frase de Paz lo describe de manera adecuada. Su estilo tiene un aire expresionista que nos recuerda lo sombrío de Goya y Münch, pero particularmente destaca una esencia bélica revolucionaria. Utiliza la técnica de pintura al fresco, con una gama que transita el contraste entre el rojo, azul acentuado en gríseas y tonalidades sombrías, este fuego de la batalla y la angustia es muy particular de Orozco.

Su obra es muy basta, algunos sitios de la ciudad mantienen sus murales. En el Colegio de San Ildefonso, se encuentra La trinchera (1926), entre otros murales; en la casa de los Azulejos de la calle de Madero del centro de la ciudad, se encuentra Omnisciencia (1925) y en el Palacio de Bellas Artes, encontramos Katharsis (1934-1935). Orozco es un artista que dio vida a sus ideales con colores y formas, hizo del arte un espacio común y se convirtió en un icono de la pintura mexicana.