Aleinad Mina  

Sin duda hay muchas maneras de hacer filosofía, pero no sólo el pensamiento racional se ha adecuado más fidedignamente a la realidad, ¿en qué medida la representación hecha a partir de la filosofía es más ajustada a la realidad, que la representación poética?

La filósofa española María Zambrano en su libro Filosofía y poesía afirma que: “No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía. En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser.” 

Una de las formas de hacer filosofía es impulsada desde la historia misma de la filosofía. Mirar el pasado abierto, desde el puesto que llamamos “aquí ahora” nos da un indicio, un punto: la cartografía de la realidad humana; nos muestra que las narrativas de su ser, ha recorrido múltiples caminos. De ahí que no hay realmente un filósofo más filósofo que otros, es absurdo afirmar que la forma sistemática de filosofar es más verdadera que el ensayo filosófico, la historia de la filosofía nos muestra su verdad sujeta a las condiciones materiales.

La forma del hombre, sus necesidades, su modo de vida y su existencia no son circuitos determinados perennes. No siempre ha sido el hombre un transhombre, un hombre religioso, un hombre de razón, un hombre inconsciente, un hombre occidental, un hombre que piensa y que por eso es.

Las metanarrativas que engloban al hombre son categorías tan amplias que se requiere de un punto de partida. Un acercamiento al origen nos permite acceder a eso que somos en nuestra cotidianidad y que maquila nuestra ideología, nuestra política, nuestra cultura, es una ocasión para el contraste de todo aquello que fue, ha sido y será una posibilidad distinta de ser.

Las trayectorias del filósofo y del poeta han sido diversas, Zambrano muestra cómo divergen y se aproximan en su camino; en una latente tensión que oscila entre la creación del mundo, la conciencia y la experiencia del encuentro con el mundo. La filosofía y la poesía son dos formas de encuentro con el mundo que en ocasiones cruzan, y luego son tan distantes, tal tensión refleja lo dinámico y complejo de la subjetividad humana.

La filosofía, por un lado, atiende a una búsqueda universal que se fundamenta en la razón y en el ser. Mientras que, el poeta entraña lo que hay en el encuentro con uno mismo, encarna su particular manera que a la vez se dispersa. La palabra que tiene el poeta es distinta que la del filósofo, sin embargo, comparten que su experiencia no se agota en la razón sino en un camino que se crea siempre.

En ambas se percibe la liquidez del devenir que acaece mutando la esencia, tanto del filósofo, como del poeta. La historia nos presenta un horizonte que se expande y muta. Zambrano propone que hay otras formas de experiencia en las que el hombre debe crearse a sí mismo. Filosofía y poesía son dos caminos por los que el hombre llegó a confirmar que no hay verdad sino verdades que se disuelven.