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Aleinad Mina 

La pandemia fue la ruptura de la cotidianidad, un punto de inflexión que llegó para modificar nuestras vidas y trazar nuevos esbozos en la Historia. Una manera de acercarnos a la reflexión es a partir del libro Pandemia, globalización y ecología, de la Cátedra Internacional de Investigación de Hermenéutica Crítica (HERCRITIA), que recopila 34 ensayos publicados en 2020. Esta pluralidad de pensamiento brinda una perspectiva enriquecedora sobre lo que ha generado la pandemia de Covid-19. 

Distintas ideas de carácter multidisciplinario se vinculan para explorar de dónde viene, qué convoca y a dónde nos lleva este hito de crisis y apertura. Los cimientos de las sociedades catastróficas neoliberales, cuyos valores consolidan individuos que sobreviven a su entorno, no son sostenibles. De ahí que podamos situar este acontecimiento como el clímax global que disrumpe y nos muestra —tanto en la esfera pública como en la privada— que es inadmisible el vínculo con el entorno a partir de la explotación. Un microorganismo visibiliza la fragilidad antropocéntrica, la pandemia también es un acontecimiento simbólico que nos convoca a desligarnos de la lógica del mercado para reinventar nuestra relación con la naturaleza y con el entorno. 

Como menciona Patricia Fernández en su ensayo “Desde mi ventana. Límites y umbrales”, nos preguntamos: “¿cómo es un mundo con la lejanía del otro?”. Para empezar, podemos pensar en la manera como hemos definido nuestras propias fronteras a partir de la arquitectura. Desde una observación inicial, la autora cuestiona la modificación simbólica del entorno a partir del encierro obligado, e incluso lo lleva más allá cuando se da cuenta de la existencia de la separación entre individuos con una máscara o cubrebocas. El entorno tal vez no se modificó, pero el imaginario social quedó persuadido, alterando las relaciones personales por completo.  

Por su parte, Billy López en “Resistir la pandemia desde el confinamiento”, nos hace recordar que “ningún acontecimiento es un hecho”. Además de ese ángulo catastrófico del discurso aunado a los paradigmas biopolíticos, podemos incidir directamente en la realidad si configuramos formas de producción discursiva estratégica. Así pues, crear discursos desde los innumerables caminos que transitamos se vuelve realidad a partir de la creatividad, la resistencia, la empatía y las diferentes formas de racionalidad; estas nuevas posibilidades edifican prácticas ético-políticas, que desplazan nuestra cotidianidad hacia otra dirección histórica.  

Tal vez no hemos caído en la cuenta de que estamos viviendo una brecha en el tiempo, una pausa de las acciones o un reajuste del sistema. Por eso este libro nos permite pensar las acciones que anteceden a la reflexión y al aprendizaje. Esta recopilación de ensayos nos incita a aprovechar la circunstancia excepcional para modificar aquello que dábamos por sentado, cambiar estilos de vida e incluso repensar los conceptos que utilizábamos.  

Si bien las acciones del ser humano han impactado la construcción del presente, éste se reforma al cambiar de valores, como Nietzsche afirma en La ciencia jovial: “¡Sólo como creadores podemos destruir!”. La condición humana nos muestra que siempre hay nuevas maneras —más justas, libres, responsables— de ser y acontecer.