Aleinad Mina 

El ensayo Van Gogh, el suicidado por la sociedad de Antonin Artaud una de las denuncias que apuntó, en este texto mordaz, fue que la psiquiatría y la sociedad condenó la subjetividad del artista holandés por no seguir el estándar social. Vincent van Gogh es uno de los pintores más significativos, sin duda su obra es auténtica pero la completud de sus cuadros está representada en su propia vida.

La vida de Van Gogh es un tópico del modo de concebir la vida del artista, una existencia con valores distintos a los sociales que se juzgan inútiles, torpes, mezquinos, sólo por no corresponder con la valía del estatus social. Su personalidad tormentosa e intratable no fue ningún obstáculo para el derroche creativo, quizá con mayor claridad y a la luz de Artaud podemos mirar el sesgo con el que innumerables veces se concibe la figura del artista; Artaud afirma que: “ la lucidez en la acción de Van Gogh, deja a la psiquiatría reducida un tugurio de gorilas, obsequiados y perseguidos, que sólo tienen como recurso para atenuar los más terribles estados de angustia y opresión humana, una ridícula terminología, producto que corresponde a sus viciado cerebros.” La condena social, desde la ciencia, es hacer una cartografía homogénea para todos de medios y fines, pero tanto Van Gogh como Antonin Artaud tomaron su propio andar, un andar al margen de los lineamientos sociales.

La obra de Van Gogh es basta, pintó más de 900 cuadros, dibujó y tuvo una escritura prolífica. Mantuvo una comunicación estrecha a lo largo de 18 años con su hermano menor Theo mediante cartas en las que reflejó sus anécdotas, inquietudes y malestares desde profundas reflexiones.

Se puede hacer un paralelismo entre sus cuadros y las epístolas, se atestigua una vida entregada a su obra, pero incomprensible para su contexto social. El estilo de Van Gogh se nutrió del realismo con Millet y Rembrandt, del impresionismo y del arte japonés. Sus cuadros, aunque mantienen un paisaje vital, muchos de estos transmiten esa mirada profundamente melancólica del pintor. Es decir, su obra expresa las impresiones de un hombre que no se enajena de la realidad en búsqueda de su ideal, sino que asume de ésta hasta su hostil cartografía de la cual él está al margen.

El pintor se entregó a su obra con grandes dificultades por la falta de dinero, familia, por su precaria salud física y con un relevante deterioro psíquico.  Van Gogh se hizo cargo de su drama existencial cuya angustia fue poder subsistir afirmando en su obra un refugio frente al hostil mundo que le circunda. Así pues, el artista holandés desde una actitud realista, asumió su obra como un destino inexorable a pesar de la angustia. Sin embargo, su propio mundo, un mundo otro, se expresó en un contraste de hostilidades, colores vivos y pinceladas con texturas.

Volviendo a Artaud toda terminología ridícula que intentó describir los trastornos mentales de Van Gogh no apreciaron que el dolor de la soledad y la miseria fueran a la vez un aumento creativo, un derroche artístico que brilló como una noche eterna. Claro que esta manera es romántica y quizá trillada pero bien refleja ese hacerse cargo de la vida como una obra de arte, pues incluso ante las adversidades Van Gogh nunca dejó de pintar.