Sergio Iván

Vathek es un relato orientalizado en el que el infierno parece humano y por ello causa pánico. Las fuerzas oscuras que merodean al lector en cada hoja no deben de ser tomadas a la ligera, el horror sobrenatural como apuntó Borges se encuentra en un estado puro. ¡No es un libro para leerse de noche! Se debe escoger un momento del día en el que alma se encuentre tranquila y una vez iniciada su lectura no parar, por su concisión y extensión no pasarán más de cuatro horas para terminarlo. El riesgo es alto, dividir la lectura del texto en varios días puede ocasionar pesadillas en el mejor de los casos; sea advertido lector entremos en materia.

Vathek es un califa desmesurado insaciable que desea adueñarse de riquezas que nunca disfrutará. A diferencia de Las Mil y Una Noches que transpira tranquilidad, regocijo y luz aún en las historias oscuras, Vathek es amargura, rencor, una bilis negra que revela una visión original del ser humano en el infierno: el averno se parece mucho a las moradas de los hombres, no solo en la descripción de un espacio físico sino también en el espiritual. El hombre siempre lleva el infierno a todos lados, oculto en algún lugar de su corazón y sus pensamientos.

Vathek describe el infierno: “Reinaba en aquel lugar una fúnebre oscuridad y, en lechos de un cedro incorruptible… y entonces perdieron el más preciado de todos los dones del Cielo, la esperanza.” El infierno no es fuego ni pasiones, es frialdad y vacío que se encuentra en alma. Probablemente lo más extraño es la ausencia de una verdadera posibilidad de consuelo, la avaricia es incorruptible a su propósito.