Luis Mena Pantoja
El mariachi es uno de los emblemas culturales más importantes de México, reconocido a nivel nacional e internacional como símbolo de identidad e ícono representativo de la cultura mexicana. Su historia en México se remonta a principios del siglo XVIII en el estado de Jalisco, con influencias indígenas y europeas en su música y vestimenta, para posteriormente evolucionar y popularizarse en entidades como Nayarit, Guerrero, Michoacán, Colima y Zacatecas, donde se consolidó el uso de la guitarra, vihuela, guitarra de golpe, guitarrón, violín y trompeta como instrumentos tradicionales.
En el año 2011, la UNESCO reconoció al mariachi como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, por su importancia cultural y necesidad de conservarlo, al desempeñar un papel fundamental en celebraciones populares, que van de fiestas religiosas a festivales patrios, donde fomentan la cohesión social y el sentido de pertenencia.
Por lo anterior, el Congreso capitalino exhortó a la Secretaría de Cultura local a establecer el día 10 de noviembre como el “Día del Mariachi en la Ciudad de México”, como una oportunidad para redescubrir su legado cultural y promover un sentido de orgullo y unidad.
“Con su vibrante sonido y presencia, es mucho más que un género musical, es un símbolo de nuestra identidad cultural y un lazo que nos une a generaciones”, expresó en tribuna la diputada promovente Luisa Fernanda Ledesma Alpízar (MC), quien aseguró que el traje de charro, con sombrero amplio y bordados detallados, es una representación visual de la historia y el orgullo mexicano.
Por su parte, la diputada Elizabeth Mateos Hernández (MORENA) solicitó a las Comisiones Unidas de Presupuesto y Cuenta Pública y de Hacienda del Congreso capitalino considerar una ampliación presupuestal para la Secretaría de Cultura y la alcaldía Iztacalco, que permita contratar a sonideros para fiestas patronales y eventos recreativos en plazas públicas, a fin de promover su integración plena a la vida cultural.
“Los sonideros representan una expresión artística que ha tejido lazos comunitarios y enriquecido nuestra identidad colectiva. Son el corazón de nuestras calles y el alma de nuestras fiestas”, afirmó, y agregó que son un espectáculo musical, espacio de encuentro y forma de expresión para las comunidades. “Los sonideros nacieron del esfuerzo de hombres y mujeres que, desde las colonias populares, encontraron en la música no sólo una manera de ganarse la vida, sino también de transmitir alegría, crear identidad y construir tejidos sociales”.
En la Ciudad de México hay más de 10 mil sonideros, que con sus eventos generan empleo, fomentan el turismo local y fortalecen el tejido social; y su influencia se ve en comunidades de migrantes mexicanos en Estados Unidos, donde son un puente con sus raíces culturales.
Sin embargo, enfrentan una discriminación derivada de percepciones erróneas que asocian sus actividades con desorden y actos de violencia. “Los sonideros, a menudo originarios de barrios populares, enfrentan obstáculos que limitan su derecho al ejercicio pleno de sus actividades culturales”, expresó la diputada Mateos, al recordar que el año pasado el gobierno capitalino reconoció a los sonideros como Patrimonio Cultural Inmaterial, por ser una expresión artística que enriquece la identidad colectiva.