La epidemia de ébola que afecta a la República Democrática del Congo (RDC) se convirtió en la más mortífera registrada en la historia del país, luego de superar las cifras de fallecimientos de la epidemia ocurrida entre 2018 y 2020.
De acuerdo con los datos más recientes de las autoridades sanitarias, el actual brote acumula 4 mil 945 casos confirmados y 2 mil 325 muertes, mientras que la epidemia anterior había dejado 2 mil 299 fallecidos y 3 mil 381 casos confirmados.
El brote actual fue declarado oficialmente el 15 de mayo y corresponde al decimoséptimo registrado en territorio congoleño. La enfermedad se ha extendido a seis provincias, principalmente en el este del país, donde la provincia de Ituri concentra buena parte de los contagios.
La velocidad de propagación también preocupa a las autoridades. Tan sólo en las 24 horas previas al último reporte se detectaron 101 nuevos casos, una señal de que la transmisión continúa activa.
Una epidemia que avanza con rapidez
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha advertido que el brote presenta una transmisión particularmente intensa y que, por su ritmo de crecimiento, podría incluso acercarse al balance de la epidemia que azotó África Occidental entre 2014 y 2016.
Aquel brote, que afectó principalmente a Guinea, Liberia y Sierra Leona, dejó más de 28 mil 600 casos y alrededor de 11 mil 300 muertes, por lo que continúa siendo el más letal registrado a nivel mundial.
Sin embargo, la situación actual en la RDC destaca por la rapidez con la que se han acumulado los contagios y fallecimientos. El actual brote alcanzó las 2 mil muertes en menos de tres meses, mientras que en la epidemia de África Occidental transcurrieron casi cinco meses para llegar a esa cifra.
Una cepa sin vacuna aprobada
El brote está provocado por la variante Bundibugyo del virus del ébola, para la cual actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado.
Aunque existen vacunas y terapias experimentales que se encuentran en distintas etapas de evaluación, su disponibilidad todavía no permite utilizarlas como una herramienta generalizada para contener la epidemia.
La situación se complica además por la fragilidad de la infraestructura sanitaria, la falta de personal y recursos, los conflictos armados y la desinformación que persiste entre algunas comunidades.
Las autoridades sanitarias también enfrentan dificultades para detectar oportunamente los casos. Una proporción importante de los contagios ocurre fuera de las cadenas de transmisión identificadas, lo que dificulta localizar a las personas que pudieron haber tenido contacto con pacientes infectados.
Temor y desconfianza dificultan la respuesta
La respuesta sanitaria se enfrenta también a la desconfianza de algunas comunidades hacia los centros de tratamiento. La detección tardía representa uno de los principales problemas, ya que muchos pacientes llegan a recibir atención cuando la enfermedad se encuentra avanzada.
La OMS ha señalado que la elevada mortalidad está relacionada en buena medida con los retrasos en el diagnóstico y la atención, más que con una evidencia de que el virus se haya vuelto más letal. La tasa de letalidad ha aumentado considerablemente durante el desarrollo del brote.
Ante este escenario, la OMS considera que todavía es posible revertir la tendencia y contener la epidemia en los próximos meses, aunque advierte que será necesario acelerar la detección de casos, reforzar la atención médica y aumentar la participación de las comunidades.
El brote representa actualmente la segunda epidemia de ébola más mortífera registrada en el mundo, sólo por detrás de la crisis de África Occidental de 2014-2016, y mantiene en alerta a las autoridades sanitarias internacionales.
