Que alguien le diga a la secretaria de Energía Rocío Nahle, y a Manuel Bartlett Díaz director de la CFE, que el mundo necesita dejar de usar carbón; éste, impulsó la era industrial y puso al planeta en el límite de la catástrofe, ciertamente es barato, abundante pero el más contaminante de los combustibles fósiles.

Uno de los mayores peligros a la salud es la contaminación ambiental y hoy, en plena crisis causada por el COVID-19, cobran relevancia diversos hechos que podrían acrecentar los riegos, dada la determinación del gobierno de México por frenar la generación de energías limpias y estimular el monopolio de la CFE y Pemex, cuyas fábricas anacrónicas utilizan combustibles fósiles, incluyendo al carbón.

Las centrales que más emiten CO2 en el mundo son las carboeléctricas y el carbón es el combustible fósil que más contribuye al cambio climático.

Ahora es un momento crítico, tanto a nivel nacional como internacional, para dejar atrás el carbón y sus secuelas. Numerosos países de una manera responsable, están cambiando el rumbo y empezando a construir un camino en el que el carbón no tiene espacio. El futuro próximo, los siguientes meses y años, serán fundamentales para el necesario abandono del carbón en una transición equilibrada y sostenible; atendiendo y apoyando a las empresas y las personas afectadas.

El carbón es el combustible fósil que emite más gases de efecto invernadero. Este mineral genera casi el doble de CO2 por unidad de energía comparado con el gas natural. Además, su quema, libera grandes cantidades de otros elementos contaminantes como los óxidos de nitrógeno, de azufre y partículas.

Para evitar efectos del cambio climático irreversible, debe dejarse de extraer y quemarse carbón de inmediato.

Unidades generadoras de energía eléctrica instaladas en México se encontraban semi-paralizadas, y con el pretexto de que se debería con fines nacionalistas, producir energía eléctrica por CFE, en lugar de comprar a empresas extranjeras energía limpia eólica y solar más cara,  se decidió poner en funcionamiento nuevamente a toda capacidad las plantas que consumen carbón, privilegiando aspectos económicos y chauvinistas, dejando atrás al humanismo y aspectos ecológicos, causando un daño irreversible para el medio ambiente que se prolongará para las próximas generaciones.

La producción de energía eléctrica utilizando carbón, a la larga, será un negocio muy caro para la CFE, pero será más caro para la ecología, para las nuevas generaciones y se condenará a esa empresa productiva del Estado Mexicano a la obsolescencia.

Si el objetivo es el de fortalecer a la comisión Federal de Electricidad, hay que apostarle a las nuevas tecnologías modernas, termoeléctricas, hidroeléctricas, de ciclos combinados, energía eólica, solar, marina, plantas termovalorizadoras de última generación, esa sería la mejor inversión. Parafraseando a Buryaile: “No heredamos la tierra de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos”.