A riesgo de insistir, es importante motivar la reflexión en torno a las cosas que nos ha dejado la pandemia. Entre ellas habríamos de mencionar el disminuido acceso a los servicios de salud, la información (a veces veraz, pero casi siempre engañosa) sobre el “enemigo” viral, el manejo político de la pandemia.

Todas ellas tienen una consecuencia común: impactan a la sociedad y ésta genera una respuesta notoria. Ante la ineficiente contención de la epidemia por parte de las autoridades, un gobierno que se ha mostrado pequeño en el momento que más se le necesitaba, la gente empieza a adoptar sus propias medidas y generar sus propias reglas.

Hemos oído aquella antigua y recurrente expresión de “Piensa globalmente, actúa localmente”, usada más recientemente en términos de protección del medio ambiente, para llamar la atención a los pequeños esfuerzos locales que habrían de provocar secuelas favorables de mayor alcance.

La frase tiene una eficiencia tan misteriosa que ha tenido una amplia recepción. Incluso en el ámbito de los negocios y de la política internacional se hace uso de ella: es redituable tanto en términos monetarios como diplomáticos y ambientales.

Frente a un evento devastador a gran escala, es relevante observar esas pequeñas acciones hechas por las personas (no por las instituciones) que son hitos. Baste recordar los sendos terremotos de 1985 y 2017, para ver cómo apareció la solidaridad y el apoyo mutuo: retirando escombros, elaborando alimentos, facilitando las comunicaciones.

Sin mediación institucional, surgió la llamada “sociedad civil”, y así la trató Carlos Monsiváis, gran cronista de nuestra Ciudad; además, se volvió una seña de identidad de la sociedad mexicana. Entonces, se demostró la fuerza que puede alcanzar un grupo de individuos cuando lo más importante es el bien de la comunidad y se hacen a un lado la polarización, los intereses políticos y militancias partidistas.

Ante un gobierno ausente y rebasado por las circunstancias, son las pequeñas acciones de la sociedad las que pueden sacarnos de la tragedia. Una vez más.