El pasado 22 de octubre el New York Times (un periódico que el gobierno en turno ha señalado como “conservador”) publicó, en un pequeño recuadro de su primera plana, una noticia firmada por Caitlin Dickerson que resume en su encabezado una gran parte de la tragedia que viven los migrantes en nuestro continente: “Los padres de 545 niños separados en la frontera no pueden ser encontrados”.

Esa es la factura, el costo, que el presidente Donald Trump estuvo dispuesto a pagar con su política “tolerancia cero” diseñada para disuadir a los migrantes de cruzar ilegalmente a Estados Unidos: si lo intentas y te agarramos, te quitamos a tus hijos.

La “tolerancia cero” empezó a implementarse oficialmente a partir del 6 de abril de 2018. Dos meses más tarde, distintos medios de comunicación reportaron que esta política no contemplaba ninguna medida para reunir a las familias que separaba. Las reacciones (nacionales e internacionales) fueron tan fuertes que el 20 de junio Donald Trump se vio obligado a firmar una orden ejecutiva para suspender el programa.

Unos días después, el 26 de junio de 2018, a raíz de una demanda presentada por la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU), una juez resolvió que la administración de Trump debía dar a conocer la cifra de las familias que hasta ese momento habían sido separadas y fijó un plazo de 30 días para que hijas e hijos fueran reunidos con sus padres.

En ese primer momento, las autoridades reportaron que 2 mil 700 niñas y niños habían sido separados de sus padres después de haber cruzado a Estados Unidos.

Sin embargo, un reporte presentado en enero de 2019 por el Departamento de Salud y Servicios Humanos del gobierno estadounidense (HHS), confirmó que esta cifra era mayor: entre junio y noviembre de 2017, antes de que “tolerancia cero” se convirtiera en una política oficial, el gobierno de Estados Unidos puso discretamente en operación un programa piloto en El Paso, Texas.

Una vez que la existencia de este programa salió a la luz, la administración de Donald Trump se resistió a publicar los nuevos datos. En junio del año pasado, la corte volvió a intervenir y obligó al gobierno estadounidense a revelar las separaciones adicionales. El total conocido de niñas y niños separados de sus padres se elevó a más de 5 mil 500.

Años después de que “tolerancia cero” empezara a implementarse y fuera cancelada, todavía quedan 545 niñas y niños migrantes que no han sido reunidos con sus familiares.

Todos estos adultos que cruzaron la frontera con sus hijos, fueron deportados sin ellos. ¿Cuál es la esperanza de encontrarlos?, estamos hablando de gente que salió huyendo de la violencia, del hambre, de la pobreza; de personas que saben que sus pequeñas y pequeños estarán mejor cuanto más lejos de Ítaca se encuentren (aun quedando en las manos de un tirano que se los arrancó de los brazos, hay tiranos peores y mentes más enfermas).

Ulises, dice Homero, es el que sabe “salir de un brasero ardiente”. Estos niños, igual que el héroe, estarán errantes. En su odisea habrán de aprender que la libertad es otra forma de regresar a ese pedazo de tierra que alguna vez dejaron.

“…el salir indemne es un retornar. Nadie sabe retornar como Ulises.”